—Yo tampoco esperaba que se atreviera a pedir el divorcio.
—Entonces, Sebastián, divórciate de una vez y que se arrepienta.
—No, no puedo divorciarme de ella.
—¿Por qué?
—Como esposa no da el ancho, pero la empresa la necesita. Tengo que usar el matrimonio para retenerla y que siga trabajando para la compañía.
Regina hizo un puchero.
—¿Tan buena es?
—No es que sea tan buena, pero es muy útil.
—¿Y en la cama?
—Claro que no es mejor que tú.
El comentario hizo reír a Regina, y ambos volvieron a sus actividades desvergonzadas.
Helena estaba temblando de rabia y quiso entrar de inmediato, pero Isabella la detuvo. Sacó su celular, grabó un video de los dos y, cuando terminó, asintió hacia Helena.
—¡Menos charla y más acción, vamos a darles su merecido!
Isabella se abalanzó primero. Sin darles tiempo a reaccionar a la parejita, les soltó una patada a cada uno, seguida de una lluvia de puñetazos.
—¡Había visto gente sinvergüenza, pero nunca tan descarada como ustedes! Si Dios no los castiga, ¡yo les ayudo!
Mientras hablaba, seguía repartiendo golpes y patadas.
Helena también se unió y le propinó dos cachetadas a Sebastián.
—¡Estaba ciega! Viví ocho años con alguien como tú, ¡qué asco!
Para ese momento, Sebastián reaccionó. Cuando Helena levantó la mano para golpearlo de nuevo, él la detuvo y la empujó con fuerza.
—Helena, ¿tienes que hacer este escándalo? ¿No piensas en las consecuencias?
—¡Quiero el divorcio!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...