Isabella sacudió la cabeza. Aunque no estaba tan perdida como Helena, se sentía un poco mareada y con las extremidades débiles.
—Ustedes... primero llámenle a Sebastián. Díganle que mejor se detenga ahora, porque no soy alguien con quien él pueda meterse —dijo mientras observaba discretamente a su alrededor, esperando ver a algún peatón que pudiera llamar a la policía.
Pero era muy temprano y estaban en una zona de bares; no había nadie pasando.
—A nosotros solo nos pagan por golpear, no por dar recados.
Dijeron esto mientras se acercaban a Isabella, apretando los puños.
Isabella apretó los dientes. Esos dos eran grandes, pero si se arriesgaba, tal vez no saldría tan mal parada. Al pensar en eso perdió el miedo y estaba a punto de atacar cuando vio que, por el callejón lateral, llegaban otros dos.
Igual de grandes, igual de feroces.
—¡Maldito Sebastián, mandó a cuatro hombres para pegarle a una sola mujer!
Eso ya era darle demasiada importancia.
—No te resistas y quédate quieta para recibir la paliza, así seremos un poco más suaves.
Isabella pensó: «Ya valió». Contra cuatro, seguro saldría perdiendo, y mucho. Si hubiera sabido, no habría salido de fiesta con Helena; después de todo, esta era la ciudad de Sebastián.
Viendo que los cuatro tipos la rodeaban, justo cuando Isabella empezaba a desesperarse, un Maybach negro se detuvo de golpe junto a la acera. Jairo bajó del auto.
No miró a los matones, solo le lanzó una mirada de reproche a Isabella y caminó hacia ella mientras hablaba por teléfono.
Cuando llegó a su lado, colgó la llamada.
—Tú... ¿qué haces aquí? —preguntó Isabella sorprendida.
Jairo entrecerró los ojos.
—¿No fuiste tú la que me llamó anoche?
Isabella estaba realmente confundida. A mitad de la borrachera, le pareció haberle llamado a Jairo para contarle a grandes rasgos lo del día.
Ah, cierto, le llamó para decirle que había contratado a Helena.
—¿Y viniste solo por eso?

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...