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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 748

El rostro de Sebastián estaba descompuesto.

—Ella es de Tecnología Crespo. Te convenció de divorciarte de mí y de dejar la empresa, pero en realidad todo fue una trampa para robarte talento. ¡Caíste redondita!

Isabella no se quedó callada al escuchar aquello.

—Voy a dejar algo muy claro: nuestra empresa no es una cárcel. La ingeniera Cordero tiene total libertad. Si quiere unirse a nosotros, le damos la bienvenida y una remuneración generosa; si prefiere no hacerlo, le deseamos que encuentre un lugar más adecuado para ella.

Sebastián soltó un bufido.

—No creo que tengas tanta nobleza.

—Yo sí lo creo —intervino Helena.

Sebastián soltó una risa sarcástica.

—Helena, tarde o temprano te vas a arrepentir.

Dicho esto, Sebastián se marchó furioso.

Isabella le puso el contrato en las manos a Helena.

—Debes quedarte aquí y esperar a que el abogado termine con los trámites. ¿Podrás estar sola?

Helena asintió.

—Sí, puedo sola, pero mis papás están preocupados y ya vienen en camino.

—Mejor así. Cuando Sebastián se pone en plan patán, es difícil prever qué locura hará.

Helena sonrió con amargura.

—Apenas ahora me doy cuenta de quién es realmente.

—Entonces te espero en Nublario.

—De acuerdo.

***

—¡Gracias, señor Víctor! ¡Qué generoso es usted!

Los dos sonreían de oreja a oreja, mientras Víctor soltaba una sarta de maldiciones.

—¡Me lleva la chingada! No puedo tener tan mala suerte siempre. ¡Seguimos!

Víctor gritaba mientras empujaba las cartas hacia el barajador automático.

En ese instante, uno de los que vigilaban le acercó un pagaré.

—Señor Víctor, si es tan amable de firmar y poner su huella.

Víctor le echó un vistazo y frunció el ceño.

—¿Tienen miedo de que no les pague, cabrones?

—Claro que no, usted tiene el respaldo de Grupo Crespo, que es una mina de oro. Pero las reglas de la mesa son las reglas: se liquida cada partida para evitar malentendidos por unos cuantos pesos después.

Víctor soltó otra maldición y, justo cuando iba a tomar la pluma para firmar, una mano le apretó el hombro.

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