—Señorita Beltrán, hace dos días usted hizo la prueba y, efectivamente, el director de casting dijo que era muy adecuada, pero esa fue solo su opinión personal. Más tarde, revisamos su grabación con el director general y consideramos que su imagen difiere demasiado de la de Luciana, por lo que...
—¡No acepto esa excusa! —bramó Esther—. ¡Llamen al director Vega y a los asistentes de dirección! ¡Quiero que me den una explicación!
—Señorita Beltrán, no hay necesidad de esto. Hacer un escándalo no beneficia a nadie.
—¡A mí qué me importa el escándalo! —Esther arrojó el guion al suelo—. ¡No olviden que aceptaron mi inversión!
—Señorita Beltrán, acabo de hablar con el director Vega, le pide que vaya a buscarlo al set —intervino otro miembro del equipo.
Esther resopló.
—Le daré una última oportunidad. ¡Más le vale saber lo importante que soy para esta producción!
Esther se disponía a salir y Floriana a entrar, por lo que el choque fue inevitable. Floriana, sin embargo, no tenía intención de esconderse.
Al verla, Esther se quedó atónita un instante, luego abrió los ojos de par en par.
—¡Así que la que vino a probarse para Luciana hoy eres tú!
Floriana rodó los ojos y siguió caminando hacia adentro, pero Esther extendió el brazo para bloquearle el paso.
—¡Lo hiciste a propósito! Sabías que yo quería este papel, ¡así que viniste a robármelo!
Floriana soltó una risa burlona.
—Primero, ni siquiera estoy al pendiente de ti. Segundo, si lo hubiera sabido, habría venido con más ganas todavía. Y tercero, si no tienes el talento, mejor no te metas en esto; ahórrate la vergüenza y deja de causarle problemas a los demás.
—Floriana, ¿con qué derecho me hablas así? Tú... —Esther pareció caer en cuenta de algo—. ¿Acaso fue Facundo Prado? ¿Él te mandó llamar?
Floriana frunció el ceño.
—¿Qué tiene que ver él con esto?

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...