Se tapó los ojos con las manos. Al no oír nada, abrió un poco los dedos para espiar y lo vio de brazos cruzados, mirándola con una expresión burlona.
Al darse cuenta de que le había tomado el pelo, apartó las manos de golpe.
—¡No… no bromee así! ¡Yo… yo tengo prometido!
A Jairo le hizo gracia.
—¿Prometido?
¿No era él?
—¿De qué se ríe? Yo le soy absolutamente fiel a mi prometido. ¡Aunque usted… aunque usted tenga interés en mí, no lo traicionaría!
La sonrisa de Jairo se ensanchó. Las primeras veces que se vieron, era evidente que ella no sabía nada. Pero que a estas alturas siguiera sin saberlo… su perspicacia dejaba mucho que desear.
—Me has seguido hasta aquí. ¿Estás segura de que soy yo el que está malinterpretando las cosas y no tú la que trama algo?
Isabella, cayendo en cuenta, salió un momento para mirar y confirmó que estaban en el vestidor.
—Yo… no me di cuenta. Podría habérmelo dicho.
—¿Y ahora?
Isabella pensó en salir, pero si lo hacía, ¿tendría otra oportunidad de conseguir sus cinco minutos? Este hombre era muy astuto. Venir a esta isla justo antes de que empezaran las obras… era obvio que no pensaba concedérselos.
—Ejem, creo que este lugar está bien.
Jairo arqueó una ceja.
—¿Qué quieres decir?
—Permítame hablarle ahora sobre la posibilidad de colaboración entre nuestros proyectos. En realidad, trabajar con nosotros es más beneficioso para ustedes…
Mientras Isabella hablaba, Jairo se acercó de repente, apoyó una mano en el casillero detrás de ella y, agachándose, la miró con una ceja arqueada.
Su cabello, algo largo, le cubría parte de los ojos. Como no se lo había secado, aún goteaba sobre su rostro perfecto, de nariz recta y labios rojos. Más abajo, su nuez de Adán prominente le daba un aire muy masculino, seguido de una clavícula marcada y un pecho firme y bien definido…
—¿Ya terminaste de mirar?
Sus palabras la sacaron de su ensimismamiento. Levantó la cabeza de golpe y, al verlo inclinarse cada vez más, apoyó instintivamente las manos en su pecho.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...