CAPÍTULO 17
SERGEI RUSSO
Soy un hombre en todos los sentidos de la palabra y sé que darle un golpe a este niño me dejaría muy mal parado, pero lo único que veo delante de mí es un pequeño gilipollas que quiere llamar la atención de chica a su lado y sin duda alguna ya me pertenece aunque esto me haga sonar como un verdadero cabrón. Maya responde a su pregunta y el movimiento involuntario de sus manos me hacen ver de que esta pregunta la incomoda demasiado. ¿Hasta que punto quieres llegar, Thomas? ¿Qué es eso que tanto deseas que aún sigues aquí?
Respiro pausadamente y bebo una y otra vez de la botella de vodka que está a mi lado. Mi pequeña mujercita me observa con esos ojos verdes que me la ponen dura de solo pensar en estar viéndolos mientras la embisto ella debajo de mí. Me muevo un poco para que nadie note la prominente erección que se me ha empezado a notar detrás de la tela de mi pantalón. Todo empieza a darme vueltas y termina empeorando cuando veo el resultado del juego de Dara. ¡Maldita sea! El español sonríe sabiendo que se ha ganado la lotería y depende de mí si se la dejo cobrar.
—¿Verdad o reto, preciosa?—la observo a toda prisa para saber su respuesta. La Smirnov agarra un pequeño vaso y se lo lleva a la boca llevándose consigo todo el líquido. Arruga la frente y puedo jurar que nunca en mi vida había visto algo más adorable que ella.
—Reto…—abro los ojos aterrado ¿Qué acabo de escuchar? Agarro con fuerza su mano para que se retracte. Todo empieza a moverse y estoy a nada de mandarlo todo a la mierda; ¿Cómo es posible que un chiquilla de veinte años me ponga de esta manera? Yo, Sergei Russo, el magnate italiano que podría tener cualquier mujer que se le cruzara por el camino. Pero no, yo la quiero a ella.
No soporto la idea de verlos besarse—¡Verdad!—grito ofuscado de la nada. Abro los ojos al igual que todos yo también estoy sorprendido por mi comportamiento tan infantil.
—Ella eligió reto—ataca Thomas.—Y el reto será que me des un beso…—el castaño cierra los ojos esperando ese beso que jamás llegará, ella levanta sus glúteos para inclinarse delante de él, pero en un movimiento rápido y hábil coloco sobre sus labios mi mano impidiendo que su boca y la de Dara se toquen. Estoy ardiendo en ira. ¡¿Por qué me estoy comportando como un imbécil?! Ya sé que no es una propiedad. Que no puedo pagarle a sus padres por ella, que tiene voluntad propia pero ni instinto la quiere solo para mí, que me vea a mí. Solo yo quiero ver su rostro sonrojado por el placer y saber que Thomas existe en su vida hace que mi sangre hierva enloquecida.
Ahora soy yo quien toma la botella dispuesto a deshacer lo que este niñato ha provocado—Elijes reto y mi penitencia es siete minutos en el paraíso…—¡Y ahora me estoy comportando como niño de secundaria. Voy de mal en peor con cada minuto que pasa. No lo soporto ni un minuto más; así que tito de su brazo para meterla en el primer closet que vea disponible y así hacerle entender a ese hijo de puta que Dara Smirnov me pertenece.
tira de mi brazo para meterme dentro del pequeño closet en la sala de mi apartamento. Escucho a Thomas protestar detrás de mí, pero siendo honesto ni él ni nadie podría detenerme. Dara tiene los ojos bien abiertos y brinca al escuchar el clic de la puerta. Doy un paso suave hasta ella y sonrío al ver su cuerpo temblar; ella se relame los labios con algo de suavidad y pierdo toda la cordura que me quedaba.
La agarro de las nalgas para subirla a una pequeña mesa que tenía dentro, sus mejillas están rojas y sin dudarlo subo su vestido para meterme entre sus piernas.—Thomas conoce a mi familia, si él se llega a dar cuenta quien eres realmente, nos vamos a meter en un problema enorme.
La giro para que sus glúteos choquen contra mi polla—No me importa una mierda. No me interesa si tu papá o tu mamá o el mismo Miguel se enteran de esto. Ya te lo dije y parece que aún no captas lo que intento decirte. Ahora eres solo para mí.
—Esto no está bien… Papá quiere mucho a Alex y no es justo dañar esta amistad por tu calentura…—me detengo.
—¿Quién te dijo que es solo calentura? A mí jamás me ha interesado lo que opine Alex y en algo si tienes razón…—mi lengua recorre la piel desnuda de su perfecta y tersa espalda—Las ganas de cogerte siguen intentas pero como ahora no tengo un puto condón y solo siete minutos, necesito que te bajes la ropa interior y separes las piernas. No podemos pasar por el mismo susto de la última vez.
—Nos pueden escuchar…—no lo aguanto más, separo sus piernas yo mismo y tapo su boca con la palma de mi mano. Mi pene me duele demasiado y por ahora solo me puedo conformar con masturbarme en medio de sus piernas. Mi miembro la atraviesa y no lo dudo dos veces. Empiezo a sacudirme sin ningún tipo de contemplación. Las tetas de mi mujer se mueven y las agarro para moverme con más fuerza.
La sensación es placentera pero no se compara si estuviese dentro de ella, puedo sentir su humedad y esto me prende el doble. Entierro mis dedos en su piel mientras que sus piernas le fallan por completo. Echo la cabeza hacia atrás al sentir como mi semen se escurre entre su coño y sus piernas.
La arrastro contra la pared para prenderme de su boca, su frente está suforosa así que con una de mis manos la limpio logrando que ella me mire extraño—Siempre haces lo que quieres…
Beso su frente y me subo los pantalones—Siempre…—sonrío al saber que esa mujer es solo para mí. Así que Thomas espero que te haya quedado muy en claro quien ganó este estúpido juego de verdad o reto.
—Yo no estoy interesado con su nieta y eso téngalo por seguro. En primera instancia eso de montar guardería no me va. A mí me gustan las hembras no las bebés recién salidas de la cuna.
Miguel se apoya con su bastón para levantarse de su puesto.
—Me alegra escuchar eso. Amo a mi nieta y aunque tengo una conversación de perdón por lo último que nos pasó, nada cambiará que ella es mi familia y es mi sangre—toca mi hombro y me tenso—Así que espero que entiendas que por la amistad entre nuestras familias sepas cual es tu lugar.
—¿Mi lugar?
Mueve la cabeza—Tu pene lejos de mi Dara, si algo llega a suceder es mejor que te largues lejos porque soy capaz de arrancarlo con mis propias manos—elevo las cejas y bajo los hombros cuando lo escucho reír a carcajadas—Pero como eso jamás va a pasar, estamos claro en esto.
Me levanto de la silla y salgo de ahí convencido de que nada hará que deje por ningún motivo a Dara. Una chica castaña y de ojos saltones que conozco a la perfección llega hasta mi campo de visión al verla salir del elevador. Su cuerpo sigue siendo el mismo que recorrí una y otra vez como un juego para niños por algunos meses.
—¿Sergei?—una sonrisa de dibuja en sus labios apenas me reconoce.
—Jessica…

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