CAPÍTULO 26
Sergei se ha ido hace algunos momentos sin antes advertirme que me conviene mejor, no por mí sino por Thomas que me aleje de él durante toda la noche. Me siento a medio lado en el borde de mi cama al sentir el dildo en lo más profundo de mi vagina. Agacho la cabeza y no puedo evitar reírme al darme cuenta que de un momento a otro desde que el magnate llegó a mi vida; me he vuelto tan sumisa y obediente cuando en mi pasado jamás me dejé doblegar por alguien.
Cepillo mi cabello para luego quitarle lo húmedo con el secador para así poder apurarme antes de que llegue mi ex novio. Me miro en el espejo y brinco al observar el moretón que tengo sobre uno de mis pechos. Hasta ahora me doy cuenta de que el italiano me ha marcado y quizás lo ha hecho para que otros hombres no sepan que tengo dueño. Prenso mi labio inferior al estirar la mano y así poder agarrar el labial rojo que está sobre la mesa en donde frecuentemente me maquillo. El producto cremoso se esparce sobre mi boca dándole el toque final a mi atuendo.
La tela del vestido se ajusta sobre mis caderas y abdomen de una forma provocadora pero lo peor no es eso, si no el escote tan pronunciado que aunque esté falta de senos no deja de ser vulgar. Niego sabiendo como es el hombre de ojos azules y sé todo esto lo hace solo porque adora llamar la atención. El timbre de mi apartamento suena y camino hacia la puerta tomando mi bolsa sabiendo que el español a llegado por mí. El castaño abre la boca y se la cierro con brusquedad con la palma de mi mano creyendo que se ha hecho daño en la lengua, pero ni eso me detiene salir de mi residencia.
—Te ves hermosa, Dara…—le resto importancia a lo que acaba de decirme—Mi papá me prestó su coche y…—abro los ojos porque el padre de Thomas jamás ha sido capaz de apoyar en algo a su hijo y que le diera lo más preciado para la familia solo podría significar una cosa. Sabe que su primogénito está enamorado de verdad—No son como los coches de tu familia pero…
—¡Abre ya!—inquiero cruzada de manos. No quiero que le siga dando vueltas al asunto y termine sintiéndose pobre y miserable cuando sabe muy bien que para mí y para mi familia el dinero no lo es todo en el mundo—Mi restaurante favorito es costoso ¿Cómo le vas a hacer para pagar?—le pregunto preocupada por esta situación—Si necesitas ayuda…—pasa el cinturón de seguridad que está en el asiento en donde estoy sentada por encima de mi cintura y espabilo al escuchar el sonido que produce este al cerrarse.
Niega—Gracias, preciosa, pero he ganado muy buen dinero porque…—lo miro atenta—He firmado con una disquera famosa y ahora…—alza las manos—Seré un artista internacional—no puedo evitar aplaudirle y abrazarlo por su logro. Thomas ha luchado tanto por esto que ver que ha podido llegar a su meta me hace feliz al igual que él.
—¡Tenemos que celebrar! ¿Mis papás saben de esto?—ladea la cabeza—Mi abuelo se pondrá feliz con esta noticia; él sabe cuanto has luchado por esto y aunque no aceptaste la ayuda de mi familia eso te hace más valioso.
Acomodo mi vestido al sentir como se empieza a alzar sobre los muslos de mis piernas. El español coloca el disco con sus canciones y ambos vamos cantando y recordando los viejos tiempos en que éramos solo amigos y hacíamos este tipo de cosas. Thomas me mira cada diez segundo de soslayo, sus mejillas se vuelven carmesí al notar como me sé cada una de sus letras.
—Eres la chica del músico que se sabe todas las canciones de su chico…—muevo las pestañas—¿Qué nos pasó, Dara? Si a mi lado eras feliz y yo a tu lado lo era. Todo se desplomó cuando me fui del país, pero ya volví y podemos…—apago la música haciendo que el castaño detenga el auto.
—No empecemos con esto de nuevo, tú y yo ya no somos nada, sé que debiste irte por tu familia y aunque tenías todo de mí ya no lo tienes, como Liam no lo tiene… Entiéndelo de una maldita vez—vuelve a encender el coche sin mirarme, puedo notar como su nariz está completamente roja y sus manos aprietan con fuerza el volante.—Lamento decírtelo de esta forma, pero no quiero que te crees falsas esperanzas conmigo cuando ya no las hay.
No se detiene hasta que llegamos a Toshiba Restaurant Club y hasta ahora me doy cuenta porque a mi tía Gabrielle se le colocaba la cara de colores cada vez que la citaba aquí. Mi pie derecho toca el pavimento de la calle apenas el español me abre la puerta muy gentilmente para que salga. La brisa de la noche mueve mi cabello y disimulo una sonrisa al ver a los hombres detenerse para admirar mi belleza. Un coche de lujo se parquea de rapidez al lado de nosotros y bajo la mirada hacia el suelo al observar al magnate salir de su vehículo como alma que lleva el diablo. Suelto la mano de Thomas.
Los ojos del italiano recorren mi cuerpo sin ningún tipo de disimulo, Jessica sale hecha una furia—Amor…—masculla entre dientes y simulando una sonrisa en sus labios—Amor… Necesito ayuda con mi bolso..—Sergei rueda los ojos—Cariño, la gente me está mirando raro; ven ahora a ayudarme…—el rubio se gira para tirar de su brazo, la mujer da varios pasos el falso pero logra reponerse.
Thomas posiciona la palma de su mano en la parte baja de mi espalda, el anfitrión del lugar nos invita a pasar y sonrío al presenciar como Sergei se le adelanta al español y jala la silla para que me siente.
—Quiero vino tinto de la mejor cosecha que tengan, por favor…—el hombre de ojos claros cierra el menú sin dejar de mirarme para luego de algunos unos segundos dirigirse hacia mi acompañante—No te preocupes, esto va a mi cuenta, sé que no podrías pagar algo así nunca en tu vida…—toso para que pare de molestarlo. Jessica se ríe.
—Nosotros queremos vino pero blanco y también de la cosecha más cara que tenga.—tiro el menú cerca de su acompañante. Sergei eleva las cejas y niega.
—¡Ya te dije que eso no va a pasar! —tomo mi bolso y cuando Sergei intenta hacer lo mismo Jessica lo toma de la mano.
—No me vas a humillar de esta manera, sabes que me necesitas en tu maldita vida.—lo amenaza y no entiendo nada de lo que dice—Te van a acabar si me alejas de ti, te juro que no me voy a meter pero olvidaré todo si te vas conmigo…—el italiano de ojos claros saca su móvil y marca un numero de manera rápida en su móvil—¡¿Te vas con esta puta?!
—Miguel…—lo escucho decir y todos guardan silencio, Sergei coloca su teléfono en altavoz—Estoy aquí en este invento de cita tuyo y me estoy aburriendo de este par de niños…
—¿Ahora que hicieron?—se escucha la respiración agitada del abuelo.
—El chiquillo está formando una escena cuando tu nieta le ha dicho que debo llevarla yo a casa para poder aprovechar y arreglar lo último del proyecto ¿Cómo le explico esto a un niño que no entiende nada de negocios? Aún no comprendo porque quieres a este muchacho con Dara…
Un gemido nos toma por sorpresa—Joder… Sergei ahora estoy con Victoria, dile al chico que mañana hablo con él, lleva a salvo a mi bebé a casa, adiós…—el magnate coloca cara de victoria.
—Dara...—levanto la cabeza—¿Podrías levantar tu lindo culo? Tengo algo que solo puedes encargarte tú—su ex prometida se levanta de la mesa enojada—Y Jessica en realidad nunca te he necesitado para nada. El amor propio es gratis, deberías probar de eso algún día.
Le tomo la mano cuando me la extiende sabiendo que estoy a punto de tocar el cielo y de sentir como me desnuda con la mirada y siendo honesta estoy dispuesta a dejarme hacerlo que él le plazca esta noche…

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Me perteneces, pequeña