CAPÍTULO 27
Durante mucho tiempo estuve tan encerrada en mi misma que no le di la oportunidad a muchas personas de entrar a mi vida. Maya llegó de casualidad un día para llenar mi existencia triste y gris y convertirla en burbujas de colores. Ella una de las pocas que considero que me conoce realmente y por otro lado Chaina, la cual entró sin preguntar y de sorpresa se convirtió en mi hermana. Ambas han pasado por cosas horrorosas pero me han demostrado que ser mujer no es una debilidad como muchos nos hacen ver en el mundo en realidad ser mujer es una gloriosa virtud.
—No te vayas…—escucho a Thomas susurrar mirando fijamente hacia la mesa—No te vayas por favor…—muevo las pestañas de forma exagerada al notar como sus ojos se vuelven cristalinos—Yo sé que lo que teníamos tú y yo era real, tan real como esto…—me muestra sus manos—Decidí un día volverme el mejor hombre para ti porque sabía que mi familia no se compara con la tuya; llegué luego a España con la idea de recuperarte ¿Sabes?—miro de soslayo a Sergei el cual se encuentra con los brazos cruzados y la mandíbula tensa—Pero cuando volví me topé con tu indiferencia y creí que era porque había pasado mucho tiempo, pero ahora me doy cuenta que ya no…—brinco al sentir el pecho del magnate presionando mi espalda—Que ya no se va a poder ¿Verdad?
—No.—suelta tajante el italiano y lo fulmino con la mirada—¡¿Qué?! Solo le estoy diciendo la verdad a este niño—Sergei se pasa delante de mí y me tapa con su enorme cuerpo—¿Sabes por qué ella no puede estar contigo?—me altero de inmediato, intento pasar por encima de él pero me bloquea el paso—Porque la pequeña Dara está saliendo con alguien más…—logro ver la decepción en los ojos de Thomas y aunque pensé que nunca en mi vida tendría este sentimiento de culpa estuve realmente equivocada con respecto a eso. Una lagrima gruesa se desliza por su mejilla y por impulso camino hasta él para tocar su rostro con mis manos.
—¡No… No llores!—quiero evitar que sufra de esta manera, de todas formas él y yo vivimos muchas cosas en el pasado—No puedo mentirte.—bajo la cabeza—Llevo saliendo con alguien un tiempo y estoy bien con él—limpio sus lágrimas con mis dedos—Fuiste muy importante para mí pero ahora estoy con alguien más y no es justo para ti darte falsas esperanzas.
Me voy hacia atrás al darme cuenta que me quiere abrazar—¿Lo amas?—frunzo las cejas al escuchar su pregunta—Solo si lo amas me daré por vencido…—estoy en silencio viendo el suelo; ni siquiera las palabras me salen de la boca—Veo que no estás enamorada—sonríe y brinco al percibir el gruñido por parte del hermano menor del tío Alex—Entonces no puedes pedirme que me haga a un lado cuando tú y yo tenemos una conexión que nadie puede romper…
—Yo…—prenso mi labio inferior y giro mi cabeza hasta el magnate al sentir las vibraciones de nuevo dentro de mi vagina y deseo matarlo al ver como dibuja una sonrisa en sus labios—¡Ah…! ¡Ah…!—los gemidos salen de forma involuntaria—No…No de nuevo…—aprieto los muslos internos de mis piernas cuando la vibración se vuelve mucho más fuerte. Thomas me da la mano pero el rubio lo empuja quitándole de su camino, con algo de dificultad camino hasta una de las mesas y cierro los ojos para ignorar las miradas de los comensales del restaurante. Debo salir ahora mismo de aquí.
—Te llevaré a casa ahora.—declara el culpable de todo esto con una sonrisa de oreja a oreja—Cuando estés en tu casa y te liberes de ese vestido, todo estará bien para ti—¡Hijo de…! Me retuerzo de placer, tanto que empiezo a sudar frío y los vellos de mi piel se erizan. Ni siquiera puedo caminar o decirle a Thomas que lo siento mucho porque de un instante a otro mis piernas abandonan el suelo y solo soy bajada al estar dentro del coche del magnate—Eres un…—lo escucho reír. Sergei cierra mi cinturón de seguridad.
—Te ves tan hermosa con tus mejillas rosas…—cruzo las piernas en el momento en que una de sus manos libera uno de mis pechos dentro de su auto de lujo—Deseo hacerte el amor y no creo que pueda ser capaz de esperar a llegar a casa…—maneja a toda velocidad—Quiero que ese niño sepa que no tiene oportunidad alguna contigo—separo las piernas al saber que el orgasmo que se aproxima está a punto de llegar—Magnífica…—me agarro de lo primero que veo y gimo tan fuerte que hasta yo misma me sorprendo, él sigue sin dejar de verme cada cinco segundos—Nena…—elevo la cabeza a hacia atrás y arqueo mi espalda cuando mi vagina colapsa—¡Mierda!—estoy tan agitada y tan sudorosa, el italiano se ha detenido en medio de la nada y por fin lo observo cuando suelta mi seguridad.
—¿Dónde estamos?—cuestiono tratando de recomponerme—¿Qué sucede? Me estás asustando Sergei…—sus ojos se han vuelto oscuros mucho más de lo habitual.
—Quítate las bragas, álzate el vestido, y sal del coche—me río al pensar que es una broma—No te veo moverte…—mi corazón se agita al notar como empieza a quitarse el cinturón de su pantalón—Te voy a follar aquí, no puedo esperar a llegar a tu casa… Bebé te necesito…—tira de mi cuello para besarme con salvajismo, su beso es más exigente y salvaje—Necesito estar dentro de ti ahora mismo, me estoy volviendo loco, pequeña—, levanto los glúteos para meter mis manos por debajo del vestido y así jalar mi ropa interior, me giro para abrir la puerta del coche, y cuando por fin estoy afuera me subo la tela de la prenda que llevo puesta hasta la mitad de mi abdomen.
Mis piernas están húmedas por mi orgasmo, como puedo llego hasta el capó del auto, y apoyo mis codos sobre este esperando la llegada del magnate. Sergei sale y trago con dificultad al ver lo endurecida que está su polla. Me arrebata un beso antes de restregarse contra mi trasero. Me coloco en puntillas al recibir los primeros centímetros de su miembro dentro de mí.
—Estaba a nada de decirle que soy yo quien te tiene…—recuesta mi cabeza sobre el metal del coche, Sergei empuja con fuerza moviendo mi cuerpo con sus embestidas—Eres hermosa…—sonrío—Perfecta…—gruñe con vehemencia—Lo que siento por ti ni el viento se lo puede llevar, porque mi amor es puro, sincero, porque te amo mas allá de las estrellas y más allá del olvido.—separa mis piernas y enloquezco, las estocadas son fuertes y debe sostenerme con sus manos para no resbalar del carro. La brisa nos cobija a ambos y las estrellas son testigos de lo que está sucediendo.
Sergei vuelve a besarme para luego esconder su rostro en mi espalda, sus labios dibujan caminos de besos hasta llegar a mi cuello y penetrarme con mayor fuerzas. Dentro de mí se siente cálido.—Sergei…—susurro su nombre colocando los ojos en blanco. El magnate enreda su mano sobre mi cabello para tirar mi cuerpo más hacia él.
—¿Tener una cita?—sus labios dibujan una enorme sonrisa y asiente—¿Vas a dejar el coche aquí? Se lo podrían robar.
—Tengo millones en el banco, puedo compra otro igual.—ruedo los ojos.
—Eres un idiota.—declaro.
—¡¿Cómo me dijiste?!—salgo corriendo al verlo venir a toda marcha hacia donde estoy. Mi cabello se mueve por la brisa mientras que mi pecho no deja de saltar. Sergei me persigue por toda la calle y debo acelerar el paso pero de nada me sirve porque en un abrir y cerrar de ojos me atrapa entre sus manos.
El magnate me carga, su olor tan masculino ha impregnado todo mi sistema y como él lo había dicho hay una pequeña feria a las afueras de la ciudad. Aquí se encuentran muchas familias y niños por todos lados. Un tipo moreno me ofrece una manzana acaramelada y le hago pucheros al hombre de ojos azules para que me lo compre y termina accediendo a mis caprichos.
—¿Alguna vez hiciste cosas de novios?—le doy un mordisco a la manzana. El italiano baja la cabeza y niega ante mi inquietud—Podríamos jugar a algo…—no sé si alguna vez han tenido esa sensación de que alguien los está mirado. Giro para observar hacia todos lados y esos ojos color avellana que miré por tanto tiempo me penetran divertidos del otro lado del lugar.
Liam está de vuelta y los problemas acaban de empezar al ver como se acerca a donde no debería. Sergei lo va a matar…

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