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Me perteneces, pequeña romance Capítulo 57

Capítulo 55

Sergei Russo

Mis labios fríos besaban frenéticamente el cuello de mi mujer, Dara se removía por las miles de sensaciones que le estaba causando en este momento. Estaba ciego de celos, aunque también el miedo me carcomía. No quería que descubriera mi mentira, y comprendía que debía silenciar a Liliana para que la verdad jamás se supiera.

—Detente… Detente… —Susurró al percibir como mi mano subía descaradamente hacia su entrepierna, —Sergei… Hay sangre… —Me despegué de su cuerpo para verla detalladamente a la cara.

—Ya te dije que no me importa.

La tomé de las caderas para sentarla sobre el enorme lavabo de mármol que había dentro del baño, en espejo detrás de ella me permitía ver con claridad nuestra escena. Amaba a esta mujer con toda mi alma.

Mis dedos buscaron desesperadamente las tiras de su blusa, para luego bajarlas hacia la altura de sus hombros; Dara abrió los ojos quizás al quedar tan expuesta, pero necesitaba que comprendiera que siempre la iba a proteger. Mis manos no dudaron ni un segundo en tomar sus pequeños senos, los cuales encajaban perfectamente en mis palmas.

Un quejido brotó entre sus labios, y algo dentro de mí se prendió, mi boca succionó sus pezones casi de inmediato, su sabor era exquisito, tan único, y mío.

—Ah… Ah…

Rugió ella, elevando su cabeza hacia atrás, como pude le levanté la falda permitiéndome ver con claridad su ropa interior. Sus piernas se veían grandiosas, y ni hablar de la forma tan bonita y sensual de su cuerpo.

—Eres una diosa… —mascullé de la nada, —eres mi diosa… —La española brincó sobre su cuerpo al sentir como bajaba sus bragas, podía notar como sus hombros temblaban, así que besé con cuidado su frente para que se tranquilizara. —Todo está bien, ¿Sabes que te amo?

Ella asintió, liberando mis manos.

Su braga llegó hasta sus rodillas, y luego cayó al suelo por sí sola, me sentía mareado por el amor que sentía por esta mujer que estaba completamente convencido de que la vida no me alcanzaría para demostrarle todo lo que siento dentro de mi pecho cada vez que la veo.

—¿Me amas?

Ella preguntó, mientras que yo arrugué el entrecejo.

—¿Lo estás dudando?

Dara desvió la mirada, entretanto que mi pecho se hundía, Liliana le ha dicho algo.

—¿Lo que le dijiste a Frank…?

Ni siquiera le permití terminar lo que quería decirme, mis labios devoraron su boca para que cualquier pensamiento de su mente fuera ahuyentado ahora mismo. De un instante a otro la correa de mi pantalón cayó al suelo, me sentía demasiado excitado como para pensar con claridad ahora mismo.

—¿Y la sangre?

—¿Qué hay con ella?

Sus ojos se desorbitaron cuando metí uno de mis dedos en su húmeda vagina.

—Sergei… —Hundí otro dedo en su interior, para este punto me estaba enloqueciendo, podía sentir como su humedad se escurría entre mi muñeca hasta llegar al inicio de mi camisa blanca. —¡Dios! ¡No! ¡Tu ropa!

La agarré del mentón con mi mano libre para que me mirara solo a mí.

—¿Y qué? Puedo comprar una empresa de moda si quiero…

—Amor…

—No digas nada… Deja que yo lo haga todo.

Mi boca presionó la suya, logrando que la cabeza de Dara golpeara suavemente el espejo detrás de ella, con ayuda de mis manos separé sus piernas, y cuando menos lo esperamos mi polla entró rápidamente en su coño caliente. La sensación era mucho más placentera por la humedad de la sangre, y sentía que en cualquier instante podía perder la poca cordura que me quedaba.

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