Entrar Via

Mi cruel esposo: Cayendo en su trampa romance Capítulo 120

Una vez que salí al exterior con la bandeja, pude permitirme respirar la pureza del aire.

Estos días la temperatura había bajado. No importaba si era de tarde, noche o de mañana. Siempre hacía frío.

Al llegar a la entrada de la casa, pude ver a Derek, sentado en un banco al lado de la puerta.

Vaya, esperaba que durmiera más. Sabía que le avisarían que estaba allá abajo, pero esperaba que al menos no lo despertarán para echarme a los perros. Caminé más lento, moviendo la cabeza de un lado a otro. Necesitaba tiempo para buscar las palabras correctas antes de recibir una rotunda negativa y prohibición.

Respiré profundo y decidí mirar directo a la puerta, ignorando su existencia. Puedo practicar el dicho: “si no lo veo, no pasó”

―¿A dónde crees que vas? ―dijo con dureza al ver mis intenciones de abrir la puerta e ignorarlo. Me detuve―. No atrases lo inevitable. Siéntate.

Giré sobre mis talones, enfrentando mi destino. Dejé la bandeja en la mesita de centro.

Me senté con tranquilidad, como si nada hubiera pasado.

―¿Dormiste bien? ―pregunté.

―Mejor que tú, por lo que veo.

El silencio avanzó.

Pensé que iba atacarme con reproches, pero se ha mantenido calmado. ¿Será su nueva técnica de combate? ¿Alguien me golpeará por la espalda? ¿Hay algún alucinógeno en el aire?

―¿No piensas decir nada? ―presionó.

―No, nada. Así estoy bien ―precedí a tararear una canción, mirando a todos lados.

―No quiero que vuelvas a bajar. No quiero que ese hombre esté cerca de ti. No quiero que cures sus heridas ni que lo alimentes ―Manoteó el tazón de comida, causando que se vuelque sobre la bandeja. Por suerte, estaba totalmente vacío.

―Cada vez que lo tortures, lo curaré. Quiero que la imagen que tengo de él, quedé fracturada por completo, irreparable ―Miré un punto fijo el irrelevante en el jardín, porque no podía seguir manteniéndole la mirada―. Quiero verlo por lo que es, un ser humano malvado y podrido por dentro, no un monstruo. No "mi" monstruo.

―Está bien, pero estarás acompañada ―sentenció.

―No lo necesito. Está atado y débil.

―No me voy arriesgar a que ese imbécil se libere y te haga daño otra vez. Este no es un punto discutible, así que no insistas ―Dio por culminada la conversación. Agarró la bandeja que antes estaba en mis manos y se fue.

Los siguientes días fueron rutinarios. Desayunábamos, Derek se iba a... desquitarse, yo esperaba que terminara e iba a curarlo.

Me sentía como una desalmada. Sabía que lo que estaba haciendo estaba mal, pero no me podía detener. Y algo en mi mente me decía que siguiera, porque sé que yo no soy su única víctima y si lo dejo ir así como así, sin causarle un trauma lo suficientemente grande que fracture su mente, lo volverá hacer.

Lo que estoy haciendo en estos momentos no solo es justicia, es una castración mental. Se convertirá en un impotente a la hora de lastimar a alguien más, ya no tendrá ganas de buscar víctimas nuevas.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi cruel esposo: Cayendo en su trampa