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Mi cruel esposo: Cayendo en su trampa romance Capítulo 121

―¿No vas agradecer? ―hablé mientras quitaba el vendaje sucio.

―Gracias ―dijo tras un lloriqueo.

―Duele, ¿no? ―Estaba de espalda a él, lavando mis manos―. Te sientes impotente y asqueroso mientras que la persona que se encarga de lastimarte te exige agradecimiento por su supuesta misericordia. Yo te entiendo muy bien. ¿Recuerdas aquellas veces donde no lograba recolectar el dinero para pagar la cuota? ¿Recuerdas como me golpeabas con tus secuaces y me dejabas tirada con moretones? ¿Recuerdas como me exigías agradecerte porque pudiste “tratarme peor” y debía sentirte aliviada que solo me golpearan?

Cerré los ojos al recordar todo eso. Y lo peor, es que en mi mente, si estaba agradecida. Había logrado domarme por completo, romperme. Recuerdo pensar: “Hoy no me fue tan mal, no terminé vomitando por una contusión”, “pudo tratarme peor, pero está siendo suave conmigo”, “al menos solo me golpea y no me viola”.

Me sentía tan avergonzada por los pensamientos que tuve en esos momentos y que aún mantengo. Pero es algo con lo que tendré que vivir y él también, porque ahora mis traumas son sus traumas. Porque su tormento no terminará cuando salga de aquí. Llorará, sufrirá, tendrá pesadillas, recuerdos vividos. Vivirá como yo lo hice una vez.

No era consciente que necesitaba con desesperación que el causante de mis sufrimiento compartiera mis traumas, mi dolor, que viviera en carne propia lo que yo viví. Pensé que lo único que necesitaba era alejarme de él, pero estaba equivocada, porque ahora me siento mucho mejor.

Sophia me abrió la compuerta y salí con ella siguiéndome.

....

Era el séptimo día. Hoy se decidiría el destino del señor Martín. Y a mí no se me había ocurrido nada, por más que pensara, no encontraba el plan perfecto. Y dudaba mucho que Derek le haya dado muchas vueltas cuando sé que tiene una enorme sed de sangre por el señor Martín.

Él había vuelto de su sesión de tortura y se estaba bañando. Esperé impaciente, detrás de la puerta del baño.

Necesitaba saber su decisión. No, aún peor, necesitaba pedir un plazo más largo para que se nos ocurra un verdadero plan. Pero ya no podíamos torturarlo, no si queremos mantenerlo con vida.

Me sobresalté cuando se abrió la puerta. Tenía un pantalón de bermudas puesto y una camiseta sencilla. Estaba frotando su cabello con una pequeña toalla.

Se quedó en su lugar al verme del otro lado de la puerta.

―Si querías bañarte conmigo, solo tenías que entrar ―Jaló mi brazo bueno, estrechándome contra su cuerpo húmedo.

Su mano fue a la parte baja de mi vestido y metió su mano, palpando mi trasero sobre la ropa interior. Su otra mano estaba en mi cintura, impidiendo que me aparte.

Capítulo 121: Una semana. 1

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