Regresé a la habitación, donde encontré a Derek acostado, viendo una película de acción. Era algo poco habitual en él. Bueno, realmente, creo que es la primera vez que mira una película en mi presencia sin que sea yo quien la escoja. Siempre está con papeles o trabajando en la laptop.
Eso me llevaba a preguntarme...
―¿No tienes que ir a la oficina?
Su cabeza se giró en mi dirección.
―¿Estás harta de mi compañía, querida esposa?
―No dije eso.
Me senté al otro lado de la cama.
―Si una empresa no puede mantenerse a flote por la ausencia de su jefe, no hice un buen trabajo como jefe ―dice, mientras me invita con su mano a acercarme más.
―Tienes razón.
Le hice caso y gatee hasta él. Esperaba que me acurrucada a su lado, pero no lo hice. En su lugar, me monté sobre él, a horcajadas. La sorpresa invadió su rostro y no pudo ocultarlo.
―¿Me vas atacar? ―dijo, desconfiado. Iniciar la parte sexual no era propio de mí. Siempre dejaba que él me guiara a la lujuria. La única vez que traté de seducirlo, fue un desastre. Ese día en la cabaña, traté de montarlo y fracasé en su totalidad.
―Sí, si lo voy hacer, pero no de la manera que tú crees.
Bajé la parte superior de mi cuerpo, besando sus labios. Nuestros pechos se unieron. Sus manos fueron desde mi espalda hasta mi cintura.
―¿Vas a montarme? ―susurró con la voz ronca.
―Si tú me enseñas la manera correcta de hacerlo ―Traté que mi voz fuera lo más sensual posible. Y creo que lo conseguí, porque me recorrió con una mirada hambrienta.
―Primero necesitas quitarte esto. No lo necesitas ―habló con lujuria.
Sus manos fueron al cierre de mi vestido. Lo bajó, para a continuación, quitármelo por la cabeza.



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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi cruel esposo: Cayendo en su trampa
Oye si ya pagué para desbloquear capítulos y me regreso porque siguen bloqueados creo que no está bien...