―Me alegro nunca haberte obligado a desposar a una mujer solo por su herencia. Gracias a eso, hoy tienes a tu lado a alguien con quien puedes compartir tus penas y tu dolor. Jamás te lo dije, pero tenía miedo que te consumieras por completo bajo esa máscara que creaste para defenderte.
Pude notar que Derek se quedó sin palabras, estaba totalmente anonadado.
Tomé su mano, porque sentí la necesidad de hacerlo.
―Muchas gracias, abuelo. Cuidaré bien de él.
Dirigí a Derek a la silla que estaba a mí lado y permitió que lo sentara. La bestia se había calmado.
―Sé que lo harás. Y siendo sincero, Erika. Ya me caías bien antes de siquiera saber tu nombre. Cuando Derek me visitó y me contó que se había casado, me molesté porque no hubo una boda. Pero, por mi mente pasó otro pensamiento que me negué a compartir con él: “Si alguien tan solitario e independiente como mi nieto decidió casarse, significa que encontró a la mujer que amaba”. Él jamás se casaría por dinero o por el físico. Y supe, que estaba enamorado y feliz. Gracias por traerle felicidad ―concluyó―. Jamás pensé que fueras una simple cara bonita, sabía que tenías esa chispa y ese carácter para soportar a mi nieto. Sé que podrás cuidarte sola. Y si en algún momento no es así, dímelo y lo pondré en su lugar. Yo te prometo que tendrás mi protección de cualquier persona, inclusive de ese bravucón.
Ahora fui yo la que se quedó sin palabras.
―¿Sabes qué yo soy tu nieto y no ella? Deberías ponerte de mi lado en cualquier situación ―Se mofó Derek.
―Ella me cae mejor que tú ―refutó el abuelo.
―Gracias, abuelo. Y para ser sincera... ―Me acerqué a él, haciendo la ilusión de un secreto a pesar de mantener el mismo tono de voz para que Derek me escuche―. No siempre lo soporté de la misma forma que lo hago hoy.
Y era la verdad. Fue el odio, el rechazo y el rencor quienes nos trajeron hasta aquí. Sí yo no lo hubiera conseguido insoportable hace diez años, tal vez, ni siquiera nos hubiéramos casado. Porque este amor creció del odio.
Se rio con sinceridad.
―Para serte sincero, yo tampoco.
Ambos nos reímos a costa de él. Ignoramos su ceño fruncido y seguimos soltando carcajadas como patos.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi cruel esposo: Cayendo en su trampa
Oye si ya pagué para desbloquear capítulos y me regreso porque siguen bloqueados creo que no está bien...