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Mi cruel esposo: Cayendo en su trampa romance Capítulo 142

Tenía que admitirlo. Me encantaba tener vestidos para escoger. Tener ropa para todo el año.

Antes tenía un pequeño armario, del tamaño de una puerta de odontología. Y era principalmente, ropa de oficina, ya que era el lugar que consumía mi día, mi energía y felicidad. No extraño para nada ese trabajo ni a mis compañeros. Recuerdo el vestido que usé para la boda de Kira, era el único que tenía para esa clase de ocasión. Estaba algo viejo, pero cumplía su función.

Y fue ese mismo vestido que me llevó a caer en las garras de Derek.

Si no me hubiese desmayado ese día, no habría logrado tomarme como esposa. Tal vez nunca hubiera ocurrido o se retrasaría.

Me puse unos tacones negros con los dedos al descubierto, un vestido del mismo color sin mangas, era ajustado, se ceñía a mis caderas y me llegaba por encima de mis rodillas. Adorné el atuendo con una gargantilla de diamantes y me pinté los labios de rojo oscuro. Recogí la parte superior del cabello con una horquilla y dejé que la parte inferior cayera por mis hombros.

Salí del Vestier para encontrarme a mí hombre, sentado en el sillón de la habitación, ya vestido con sus pantalones negros, su camisa blanca impecable y un chaleco negro encima. Era la vestimenta clásica de los hombres para salir a cenar, pero el no parecía una persona normal. Él lograba hacer que cualquier cosa que se pusiera, le quedara como un modelo de revista.

―Estás hermosa ―Los ojos le brillaban al verme.

Me sentí con la suficiente confianza para dar una vuelta y presumir mi belleza ante él.

Eran acciones que comencé hacer hace poco inconscientemente; agitar mi cabello frente a él, sonreírle coqueta, provocarlo en las noches, declarar verbalmente lo bonita que soy

Estaba desarrollando confianza. Algo que había perdido hace muchos años.

Y me gustaba, porque él me amaba y yo estaba comenzando amarme a mí misma sin darme cuenta.

―Tú estás muy guapo ―Le respondí.

Se levantó del sillón y se colocó el saco, para a continuación, tenderme la mano.

Salimos de la casa y nos montamos en el vehículo.

―¿A dónde vamos? ―pregunté por fin.

―A un restaurante que te gustará. Ya lo verás ―dijo mientras que conducía.

Era una zona que conocía bien, ya que queda cerca del trabajo. Conocía todos los restaurantes de este sector, pero jamás había entrado, mi trabajo era hacer las reservaciones a mi ex jefa y traerle cualquier objeto que se le haya olvidado.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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