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Mi cruel esposo: Cayendo en su trampa romance Capítulo 15

―Erika, sal del maldito coche ―gruñó y me obligó a salir del coche de un tirón, tomando mi mano con posesión.

Me enfrenté a la vista del edificio, se sentía más grande e imponente, como si fuera a caerse sobre mí.

Inconscientemente, apreté su mano. Él aprovechó la acción para hacerme avanzar.

―¡Derek, por favor! ―supliqué.

Entramos en el edificio. Apenas dimos un paso cuando el silencio cayó sobre nosotros, decenas de cuellos giraron en nuestra dirección.

Derek me susurró con una sonrisa calculadora:

―La última vez que estuviste aquí fuiste humillada, golpeada, despedida y saliste huyendo. ¿Quiere qué te vean derrotada ahora que volviste?

Sus palabras me chocaron y algo hirvió en lo profundo de mi pecho. Tomé aire y levanté el mentón, desafiante. Mi cuerpo se sentía ligero, sin fuerza, pero necesitaba que estas personas vieran lo contrario. Avanzamos entre los murmullos y miradas perspicaces. El ascensor se abrió, estaba repleto de personas; nos miraban estupefactos.

―¡Largo! ―ordenó Derek, su voz estaba cargada de suficiencia.

Los empleados salieron con sumo cuidado para no tocarnos. Entramos en el ascensor. Una vez solos, giré la cabeza en su dirección. Él estaba recto, su vista al frente y sin vacilar.

―No me mientas. Sé que no planeas defenderme, no te casaste conmigo para eso. Quieres humillarme junto a ella ―Lo acusé.

No respondió, ni me miró.

―Derek, ¿no te parece suficiente castigo que me esté matando de hambre? ¿Qué más quieres de mí? ―Me reprimí a gritar, apretando los dientes mientras hablaba. El pánico era latente en mí voz. Y su silencio aumentaba mi agonía―. ¡Derek, por favor! Haré lo que sea que quieras con tal que no me humilles delante de esa mujer.

La odiaba. Me gustaría matarla con mis propias manos.

Las puertas se abrieron y me sacó de un jalón que casi me desprende el hombro. No me había dirigido la palabra.

La confianza de hace unos minutos fue derribada al entrar en aquel piso. Las miradas de mis excompañeros se clavaron en mí. Mi escritorio estaba a la vista, arruinado, manchado, desordenado; la computadora estaba rota y mi bolso tirado, mis objetos personales regados. Lo sucedido fue hace días, pero pareciera que fue hoy mismo. El resto del departamento estaba impecable, lo único afectado era mi escritorio. Obviamente ordenó no limpiar ese desastre. Era una clara demostración de humillación pese a que no estaba presente.

Presioné la mano de Derek.

―Llama a tu jefa ―Le ordenó a una de las secretarias.

Hizo lo que le dijo. Las persianas de su oficina estaban abajo.

El corazón me latía con fuerza, la sangre dejó de fluir por mis venas y la cabeza me dio vueltas. Tenía ganas de vomitar, pero no sabía exactamente qué, porque no había comido nada.

La secretaria salió, seguida de mi jefa. Su rostro estaba iluminado, sonreía con suficiencia. Su vista estaba fija en Derek. Avanzó con paso coqueto, pero vaciló cuando sus ojos se encontraron con los míos. Su paso se volvió desconfiado y su mueca de felicidad fue disminuyendo.

Estaba claro que la secretaria le había dicho que Derek vino a verla, mas no le comentó que yo lo acompañaba de la mano.

―Señor Fisher, que sorpresa ―dijo con una sonrisa forzada. Sus ojos iban de Derek a mí persona.

Tomé la mano de Derek tan fuerte que le enterré las uñas. No reaccionó, no se quejó.

Capítulo 15: Sed de sangre. 1

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