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Mi cruel esposo: Cayendo en su trampa romance Capítulo 16

La espera fue tortuosa. Las manos de Derek viajaban de mi cintura a otras partes de mi cuerpo. No sé que zona me causaba más conflicto, cuando tocaba descaradamente la silueta de mis caderas o cuando manoseaba mis costillas, un centímetro por debajo de mis pechos. Y yo no podía hacer más que aceptar sus caricias.

Katy nos miraba con los brazos cruzados y los labios apretados. Podía ver la envidia dominando sus ojos. Ella quería estar en mí lugar, ella quería ser la señora Fisher. Siempre lo ha deseado.

Admitió delante de todos que yo era su esposa y no podía negarlo porque era la verdad. Aunque la razón y la forma en la que sucedió este matrimonio haya sido turbia.

Su barbilla descansaba en mi cabeza, demostrando la diferencia de altura. Tarareaba una canción, despreocupado. Cómo si todos los ojos en la habitación no estuvieran sobre nosotros.

Me puse rígida al ver entrar al tío de Katy. Derek notó mi cambio drástico y resopló con molestia. Me susurró al oído:

―¿Puedes dejar de sentirte amenazada por cualquier persona que no sea yo? No tienen más dinero que yo, no tienen más poder, no tienen más influencia. Yo soy la única persona a la que deberías tener miedo, querida esposa.

Una corriente de electricidad corrió por mi espalda.

―Señor Fisher ―Saludó Fernando Smith, con una sonrisa complaciente en el rostro. Me dirigió la misma mirada de incertidumbre que su sobrina cuando me vio en el regazo de Derek―. ¿A ocurrido algún problema?

No podía ver el rostro de Derek, pero sentía su respiración lenta y segura. Sus manos se detuvieron sobre mis muslos. Katy estaba de brazos cruzados frente a nosotros, incapaz de creer en las palabras de este hombre cruel.

―He sido muy generoso contigo. Tu plazo de pagar la cuota se ha vencido y aún así he hecho la vista gorda. ¿No crees que fui muy generoso contigo? ―La voz de Derek era firme.

―No, señor Fisher. Para nada. Usted ha sido Dios encarnado en persona para mí, tan benevolente y misericordioso. Estoy tan agradecido con usted ―El hombre bajó la cabeza, su mano en el corazón y los ojos cerrados. Sus movimientos eran exagerados.

La expresión de Katy fue un poema para mí. Me sentí tan bien cuando sus ojos reflejaron horror y miedo. Tragué saliva mientras escuchaba las palabras de Fernando, ver cómo se humillaba y prácticamente besaba el piso por el que pasaba Derek.

―¿Y por qué golpeaste a mi esposa?

Fernando subió la vista y agrandó los ojos. Su vista fue rápidamente a su sobrina y volvió a nosotros.

―Yo no le pegué. Fue ella.

Solté una carcajada por como Fernando vendió a su sobrina tan fácilmente.

―Cierto, fue ella. Katy Smith, estás despedida ―dijo Derek a secas.

―¿Qué? No me puedes despedir. ¡Soy la jefa! ―gritó―. Tío, dile algo. Tú eres el dueño, no él. Esto es una broma, ¿verdad? Debe serlo. Derek Fisher jamás se casaría con alguien como ella, busca mujeres de su nivel. No pobretonas inferiores.

Me removí incómoda. Las manos de Derek me apretaron los muslos.

―Tu tío no puede hacer nada, yo soy el verdadero dueño de esta empresa a menos que tu querido tío quiera ir a la cárcel por incumplimiento de contrato y apuestas ilegales. Perdonaré sus crímenes si me cede la empresa.

Fernando tragó grueso, con una mirada derrotada.

―Usted es el dueño y ha declarado que Katy está despedida.

Katy permaneció con su gesto desafiante.

―Creo que no eres consciente de tu situación, Katy ―habló Derek, con la satisfacción resonando en su voz―. Estás despedida y no tienes a tu familia para que te ampere. Tu tío está en la quiebra, la empresa de tus padres es demasiado pequeña, me tomaría una hora desmantelarla y nadie te va a contratar en este país porque yo me encargaré de cerrarte las puertas de cada empleo meramente digno. No ejercerás tu carrera, ni tendrás el mismo puesto de trabajo privilegiado. Tal vez tengas suerte si te conviertes en camarera en algún bar de mala muerte.

El sudor resbaló por la frente de Katy, buscaba auxilio en su tío, pero este no se atrevía a mirarla. Y sucedió algo que solo pude imaginar en mis mejores sueños; Katy llorando. Derramaba lágrimas tras lágrimas y berreaba. Estaba haciendo un berrinche.

―Por favor, señor Fisher, no me despida. Estoy muy arrepentida por mis acciones. No me despida, se lo ruego ―Se arrodilló en el piso, juntando las manos en plegaria.

Una risa ronca y relajada emergió de la garganta de Derek. Su mano fue a mi garganta, amenazadora.

―No es a mí a quien le tienes que pedir disculpa. No fue a mí a quien insultaste y golpeaste.

Los ojos de Katy fueron a mi persona. El desagrado se dibujó en sus ojos. A pesar de estar en esta lastimera situación seguía viéndome como si fuera alguien insignificante.

Capítulo 16: Dulce venganza 1

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