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Mi cruel esposo: Cayendo en su trampa romance Capítulo 151

Intenté mantener la calma, pero las alarmas de peligro se encendieron en mi cabeza.

―¿A qué coño te refieres? ―pregunté con más fuerza de la que pretendía usar―. ¿Le hicieron algo a Kira?

Debían estar mintiéndome. Kira estaba a salvo, con su esposo, en una lujosa mansión, protegida y siendo atendida como una reina.

―¿Nosotros? No le hemos hecho nada ―De un momento a otro, Katherine se encontraba relajada, ya su ex no necesitaba mantenerla a raya. Se notaba que estaba en su elemento teniendo información que podría dañar a otro―. Pero digamos que… Ahora se encuentra en una situación desfavorable por algunas cosas que accidentalmente le dijimos a su esposo y él no parecía para nada feliz.

Arrugué la frente, porque no sabía a dónde querían llegar.

―Oh, se me olvidaba. Tú eres nueva en nuestro mundo, no conoces los rumores ―Katherine aplaudió, ofreciéndome una sonrisa como si fuéramos amigas chismeando. Se acercó lo suficiente para susurrar en mi oído―: El actual esposo de Kira, se le conoce por ser muy temperamental y educado a la vieja escuela. Y se ha enterado de un par de cosas algo desagradables. No se veía muy feliz por eso y quien sabe lo que sea capaz de hacer.

Miré a la nada, procesando sus palabras.

Tenía que ser mentira, porque yo estuve muy pendiente de Kira desde que me comentó que se casaría a través de un arreglo hecho por sus padres. Ella me fue muy sincera con todo; como se sentía, que opinaba de él, cada una de las interacciones que tuvieron durante los preparativos. ¿Por qué no me contó que había rumores de su temperamento? ¿No quería preocuparme?

―¿Sabes por qué hicimos esto? ―susurró mientras jugaba con mi cabello―. Porque nuestro hijo te quiere, y como no podemos lastimarlo a él, te usaremos a ti. Porque si tú sufres, él sufre contigo. Así que piensa bien lo que van hacer, dile que supere sus traumas de la infancia, que nos devuelva las propiedades y el dinero que nos quitó. Gracias a él lo único que no queda es la camioneta.

Mi mano reaccionó de inmediato. La abofetee con todas las fuerza que tenía , tirándola al suelo. La mano me picaba por el golpe, pero no me arrepentí de nada.

Esta perra se creía con el derecho de venir a mi hogar, destruirlo, amenazarme a mí y a mi marido, jugar con el bienestar de mi mejor amiga y exigir que se cumplan sus mandatos. No en mi guardia.

―Ven conmigo ―Señalé a uno de los empleados sin mirar a nadie en particular.

No esperé a ver si se cumplía mi orden, ni a observar a mis rivales. Bajé los escalones de la entrada sin mirar atrás. Me dirigí al garaje, abriendo la compuerta.

―¿Conoces las llaves de cada auto? ―pregunté al empleado, que por lo visto, si me había echo caso.

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