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Mi cruel esposo: Cayendo en su trampa romance Capítulo 17

Pensé que me llevaría a su mansión, que me encerraría en su habitación. En su lugar, me trajo a un restaurante costoso en una terraza. El restaurante estaba frente al edificio donde trabajo… trabajaba.

Me depositó en una silla y él se sentó frente a mí. No le importó que los comensales nos vieran de esa manera.

Un mesero nos saludó con cortesía.

―Buenos días, señor Fisher ―Nos entregó el menú―. Es un placer tenerlo con nosotros.

―Javier, ya te he dicho miles de veces que no necesitas entregarme un menú, me lo sé de memoria.

Derek tomó el menú que me habían dado y lo devolvió junto al suyo.

―Como el día de hoy trajo compañía, pensé en seguir la normativa.

―No es necesario. Ella es mi esposa.

El mesero abrió los ojos de par en par y se sobresaltó.

―¡Señor, pensé que era soltero! No sabía que estaba casado.

―Lo era. Nuestro matrimonio es reciente ―Derek estaba hablando con este camarero como si se llevarán bien.

No me imaginaba a Derek entablando una educada conversación con alguien que ganara menos de diez cifras mensuales.

―Oh, felicidades, señor. Su esposa es muy hermosa.

―Sí, lo es ―Me ofreció una sonrisa cómplice.

―¿Y qué van a querer el día de hoy?

―Tráenos todo el menú de desayuno ―pidió Derek.

―¿Todo? ―preguntamos Javier y yo al unísono.

―Todo.

El mesero se fue con una sonrisa.

―¿Lo conoces? ―pregunté.

Derek se mostró impresionado por mi curiosidad. Iniciar una conversación y mostrarme interesada en sus relaciones personales no era propio de mí.

―Por supuesto, es mi restaurante preferido, pero creo que a partir de hoy no vendré tan seguido.

Fruncí el ceño.

―¿Por qué?

Me ofreció una sonrisa felina y se levantó de su asiento, caminando hasta plantarse a mi espalda. Tomó mi barbilla y me obligó a mirar el exterior, directo hacía el edificio donde trabajaba.

No sabía que quería que viera. Analicé el lugar. Tenía una buena vista al último piso, podía ver a mis excompañeros caminar y a Katy gritándole a su tío. Mis ojos recorrieron mi escritorio desastroso que daba de frente a la ventana.

¡El muy desgraciado me observaba!

―Eres un maldito obsesivo.

Volvió a su lugar, complacido.

―Era entretenido ver cómo perdías los estribos, pero también era irritante que fuese esa vulgar mujer quien te lo provocara. No lo podía negar, le tenía envidia.

―¿A mí jefa? ¿Por qué?

―Podía molestarte sin sentir culpa.

―¿Tú acaso sientes culpa por molestarme?

No respondió.

―No pareciera ―continué―. Hace diez años podría darte la razón, no eras capaz de molestarme ni hacerme bullying pese a que eras el mayor abusador en la universidad y siempre escogías como objetivo a los becados. Pero, ahora, se nota que disfrutas teniendo poder sobre mí, humillarme, quitarme el libre albedrío.

Se le borró la sonrisa del rostro. Su mirada era fría.

―¿Te parece que te estoy tratando mal? ―El mesero comenzó a depositar plato tras plato―. Te visto con los mejores vestidos, te alimento con productos de primera calidad y te libero de tu empleo explotador sin obligarte a pasar necesidades. ¿En dónde carajos está la molestia?

Dudé en hablar frente a Javier, pero él me estaba incitando.

―Falsificaste mi firma, me forzaste a casarme contigo, me quitaste la opción de escoger pareja, me encerraste en tu casa y no me permites moverme con libertad, todo debe ser bajo tu supervisión y aceptación.

Estaba cien porciento segura que yo no firmé ese acta de matrimonio.

―Eres una malagradecida.

Capítulo 17: Te estuve vigilando. 1

Capítulo 17: Te estuve vigilando. 2

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