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Mi cruel esposo: Cayendo en su trampa romance Capítulo 18

El líquido frío enchumbaba mi cabello, provocándome escalofríos. La mujer se encargaba de cubrir cada mechón con aquella sustancia olorosa. Me impacientaba estar quieta tanto tiempo. Luego de media hora, la estilista enrollo mi cabello en un gorro y por fin fui libre.

―Descansa una hora y luego vendré a enjuagarlo ―Me dijo la mujer con una amplia sonrisa antes de retirarse con otra clienta.

Me dejó una taza de té de frutos rojos. Luego de unos diez minutos de aburrimiento viendo a otras mujeres realizándose tratamientos de belleza, fui a la sala de espera, en busca de aquel hombre frío, pálido y de cabello oscuro. Lo encontré en una de las sillas, leyendo una de las revistas del local. Su expresión era de confusión mientras pasaba página tras página.

Caminé hacia él con la bata de la peluquería cubriendo mi cuerpo y el gorro mi cabello.

Levantó la cabeza en mi dirección. Me sobresalté por la forma en la que sintió mi presencia. Me senté a su lado, incómoda.

―¿Ocurrió algo? ―habló con seriedad.

―¿Por qué estamos aquí? ¿Este lugar también es tuyo?

―No, no es mío. Y estamos aquí para reparar tu cabello dañado. Es un tratamiento natural para evitar la caída del cabello.

Parpadeé. Dejé que Derek manipulara mi cabello y ni siquiera me molesté en preguntar sobre la sustancia que me bañaba el cuero cabelludo.

―¿Cómo te enteraste que estoy perdiendo el cabello?

Por inercia, me llevé las manos al gorro.

―El doctor me lo dijo.

No olvidaba la primera vez que pasé mis manos por la melena mientras me bañaba y un montón de cabello se pegó a mis dedos. No podía peinarme sin perder pelo. Me asustaba echarme champú, acondicionador. Mi cabello se volvió quebradizo por falta de trato.

―También comenzarás a tomar vitaminas para combatir la anemia. Y son cápsulas blandas y pequeñas, no deberías tener problemas al tragarlas.

―¿Por qué me estás cuidando tanto? ―Las palabras salieron por si solas.

Lo agarré desprevenido. Estuvo en silencio durante unos segundos, pensativo.

―Es por mi propio beneficio. Hace días debí avisarles a mis padres sobre tu existencia. Pero lo estuve alargando porque pareces un adefesio.

Las palabras me golpearon con fuerza. No pensé que me importara tanto su opinión. Algo dentro de mí se estrujó, como si un sentimiento que me negaba a reconocer me perturbara.

Me levanté sin contraatacar. Simplemente volví a la sala y me tomé el té.

Una hora después, estaba lista y renovada. El regreso a… su casa fue silencioso.

Dentro de aquel lugar no sabía que hacer, cual era mi propósito, como me entretenía, con quién podía hablar. Me la pasé encerrada en la habitación. El desgaste en mi cuerpo era inmenso. Llevaba mucho sin descansar plenamente, en todos estos años, no tuve vacaciones. Se me hizo fácil quedarme dormida.

Una mano grande y caliente tocó mi frente, obligándome a despertarme. Era Derek.

―Vuelve a dormir. Aún queda tiempo antes del almuerzo ―Pasó sus dedos por mi cuero cabelludo recién tratado.

Mis latidos se volvieron más fuertes repentinamente. Sus facciones parecían más finas, brillantes. Era el mismo hombre que esta mañana, pero… se veía menos cruel. ¿Era yo quien estaba viéndolo diferente?

Volví a cerrar los ojos y me dormí. El día transcurrió tranquilamente. El almuerzo y la cena fueron pacíficos. Dormimos juntos. Milagrosamente, caí rendida a su lado. Era la primera vez en días que dormía sin sentir el malestar causado por la fiebre.

La mañana llegó y Derek me despertó.

―Báñate. Vamos a salir.

―¿A dónde?

―Vamos a mi club campestre. Acordé reunirme ahí con mis padres, es hora de presentarte.

―¿Tu club campestre? ¿Presentarme a tus padres? ¿A tus socios? ¿Qué se enteren que estoy casada contigo? ―dije, medio adormilada.

―Sí, tengo un club campestre. Y como mi esposa deberías saber todos los negocios que manejo. Además, ya todos saben que eres mi esposa ―gruñó, frustrado―. Ayer lo admitimos frente a los Smith. Los rumores corren rápido y llegaron a los oídos de mis padres. Me bombardearon de mensajes y llamadas. Me sorprende que no te haya despertado el ruido.

Capítulo 18: Club campestre. 1

Capítulo 18: Club campestre. 2

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