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Mi cruel esposo: Cayendo en su trampa romance Capítulo 19

Sus cejas se levantaron, intrigante.

―Señor Fisher, un placer verlos. Espero no haber llegado tarde ―Una voz femenina llamó nuestra atención.

Una mujer joven caminó hacia nosotros, acompañada de un hombre un poco mayor para ella. El cabello rubio le caía como cascada a los lados y su vestido no era estilo cóctel como el resto de los presentes, ella usaba un vestido rojo fuego, digno de una alfombra roja.

Mientras que Derek y yo estábamos a un año de cumplir los treinta, ella se veía como una veinteañera fresca. ¿Veintitrés, quizás?

Sus ojos reflejaban odio puro. Nos miraba como si quisiera matarnos.

Entendería si quisiera matar a Derek pero, ¿yo? ¿Qué le hice?

―Felicidades por su matrimonio ―dijo con voz forzada―. La noticia se extendió como fuego. Estaba impactada, creí que no querías casarte.

―Corrección: No quería casarme contigo ―exhaló Derek, fanfarrón.

El acompañante de la joven y yo, nos miramos, entendiendo la discusión. Ella fue una de las candidatas a esposa que tuvo Derek, y lo más seguro es que se haya acostado con ella, arrebatándole su pureza creyendo falsamente que eso ayudaría a concertar el matrimonio.

Disimuladamente, intenté zafarme de su agarre, sin éxito. En su lugar, sus dedos ejercieron presión en la carne de mi cintura.

―Bueno, está bien. Supongo que escogiste a una esposa de tu nivel ―El comentario en vez de ser un halago, fue mordaz―. Rika, ¿a qué se dedican tus padres?

Su pregunta estaba cargada de humor. Al parecer, Katy se había tomado la molestia de no solo hablar de nuestro matrimonio, sino también de mi estatus económico.

―Primero: Me llamo Erika, no Rika ―dije con calma―. Segundo: No tengo padres.

Sin detalles, eso fue todo.

El pelinegro a mi lado me dirigió un gesto interrogante. La pregunta que se escribía en su rostro no era: “¿cómo es posible que no me lo contarás?” O “¿Cuándo ocurrió? No sabia que eras huérfana”.

No, no. Su pregunta era contundente. Casi y podía escucharlo decir: ¿por qué mientes?

Derek sabía que estaba mintiendo. ¿Qué tanto había investigado ese hombre? ¿Cuánto sabía de mi pasado? Debe saber que mis padres estaban vivos, pero no tendrá idea de los sucesos que me llevaron a cortar lazos con ellos.

―Lo preguntas como si la fortuna que me ofrecieron tus padres por tu mano fuera comparable con la mía. Ni siquiera me hacía cosquilla.

―Preferiste a esa mujer antes que a mí que soy mucho más joven.

Los ataques dejaron de ser pasivos por parte de ambos bandos.

―Por supuesto. A diferencia de ti, su vagina si aprieta.

El acompañante de la joven soltó una sonora carcajada.

―¡Derek! ―gruñí, dándole un manotazo en su abdomen trabajado.

Las mejillas se me tiñeron de rojo. Para mí sorpresa, tomó mi cara con su mano. Era lo suficientemente grande para abarcar mis mejillas y las apachurró con delicadeza mientras me observaba.

―Mira su carita. Solo admite que le tienes envidia porque no aparenta su edad. Ya te sabías de antemano que tenía veintinueve años como yo, pero si nadie te lo hubiera dicho, pensarías que tiene tu edad ―dijo con humor y placer―. En lugar de ofenderla deberías preguntarle la fórmula de la juventud eterna.

Tragué saliva.

Era la primera vez que Derek me halagaba abiertamente. Se ha esforzado en mostrarme su indiferencia y supuesto odio, que jamás pensé que llegaría este día.

No debería importarme su opinión. Es más, debería irritarme que alguien como él me considere agradable a la vista. Pero aquí estaba, sintiendo algo que no comprendía.

―¿Quién es el hombre a tu lado? No te has molestado ni en presentárnoslo. Y él no ha participado en la conversación.

Capítulo 19: Amante herida. 1

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