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Mi cruel esposo: Cayendo en su trampa romance Capítulo 41

Las presentaciones y conversaciones fueron banales. No hablamos de nada importante y Derek no sacó el tema de la propuesta que hasta yo desconocía.

Evité hacer las preguntas inadecuadas que me llevarían a terminar con la nalga morada.

Adentro de la cabaña era tal y como lo esperaba, espacioso y lujoso. Sin embargo, poseía ese toque rústico y antiguo que hacía la ilusión de “cabaña”.

Me incomodaba estar rodeada de hombres armados libremente. Me estremecía cuando agitaban los rifles, pensando que alguno podría disparar por error o querer hacernos una mala broma.

Observé a Derek sentado en un sillón, cargando el rifle que descansaba sobre su regazo. Sus antebrazos estaban al descubierto, sus músculos eran notorios, fuertes… Tragué saliva, siendo consciente de mis mejillas sonrojadas y mis ojos intensos.

Negué con la cabeza, apartando la mirada.

¿Por qué lo estaba viendo tan fijamente? ¿Por qué no me causaba miedo verlo con un arma mientras que los otros hombres me aterraban?

Miré el exterior a través de la ventana. El bosque nos rodeaba, los árboles eran más grandes que la mansión y las raíces recortadas.

Era obvio que este lugar se mantenía limpio porque era un lugar turístico, lastimosamente, era el paraíso de los cazadores.

De entre los árboles, se asomó unos cuernos pequeños, seguido de un hocico fino y largo. Unos ojos del tamaño de una picha analizó el área.

El ciervo apareció con confianza. Era más grande que un perro, eso era seguro. Y aún así, parecía un ciervo joven.

Escuché el silbido de uno de los rifles siendo cargado a mis espaldas y me estremecí, pensando en el destino que le esperaba.

Con cautela, salí de la cabaña, en dirección a la parte trasera del lugar. Ahí se encontraba el ciervo, olisqueando el suelo en busca de alimento, supongo.

―¡Chu, chu! ―dije como si fuese un perro.

El animal salvaje no se molestó en levantar la cabeza.

Estaba a una distancia razonable. No tenía la confianza de acercarme a un animal criado en el bosque salvaje. Pero el miedo de que aquellos cazadores descubrieran a esta presa fácil era cada vez más real.

Tomé valor y me acerqué a paso lento mientras agitaba las manos en el aire y realizaba sonidos extraños. No podía permitirme gritar con libertad para ahuyentarlo.

El ciervo se limitó a ladear la cabeza en mi dirección. Si pudiese hablar estoy segura que me diría: ¿Y esta loca?

―¿No se supone que los ciervos son asustadizos? ―Murmuré para mí misma.

Noté una mancha blanquecina en el muslo del ciervo. O, ¿era una cicatriz?

Me acerqué más al ciervo, atraída por aquella desigualdad en su piel. Estaba a nada de tocarlo, cuando se fue saltando alegremente, adentrándose al bosque.

―Al menos fue un lindo momento que recordaré ―suspiré.

―¿Qué haces aquí afuera sin supervisión? No estás en la ciudad, Erika ―La voz furiosa de Derek llegó como una bala impactando mi pecho.

Cómo hacía últimamente, me dedicó ceños fruncidos y ojos molestos.

―¿Desde cuándo necesito supervisión para salir a unos metros de la cabaña? ¿Tienes miedo que me robe un árbol? ―dije con sarcasmo del agridulce.

―O tal vez que te roben a ti ―Soltó de pronto. Antes que pudiese responder, añadió―. En este lugar debes cuidarte de las personas y los animales.

―Ni que me fuese a encontrar un león ―murmuré. Al parecer no lo suficientemente bajo, porque me respondió:

―Una hormiga es lo suficientemente fuerte para matarte.

Le dirigí una mueca de desagrado, la cual no causó ningún efecto. Opté por ignorarlo y pasarle por el lado.

―Hoy y mañana saldremos a cazar. Debes permanecer dentro de la cabaña en ese tiempo. Hablo en serio.

Capítulo 41: La cabaña. 1

Capítulo 41: La cabaña. 2

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