••Narra Derek••
¿Dónde estaba esa mujer? ¿Dónde me faltaba buscar?
―Tampoco está en el apartamento, señor Fisher ―habló mi empleado.
―Pues sigue buscando ―ordené con ira.
Sabía que no estaba ahí. Ya no tiene la llave de ese lugar destartalado y según el casero, está deshabitado.
Tampoco está en su antiguo trabajo, ni en casa de Kira. O al menos, ella niega que esté ahí.
Pero es su mejor amiga, tendría sentido que la escondiera. Erika no tiene los medios para esconderse de mí, pero la familia de Kira si.
Es mejor que no tengan nada que ver, porque me aseguraré de cortar negocios con su familia y me encargaré que caiga en la ruina. Ellos no tiene ningún derecho de apartarme de mi esposa.
―Encárguense de repartir su fotografía en todas las líneas de autobuses, aeropuertos y embarcaciones que salgan de la ciudad. Ofrezcan una generosa cantidad de dinero por dar con su paradero y prohibirle la salida ―ordené al aire.
Uno de los muchos empleados que se encontraban en la casa salió corriendo acatar mis órdenes.
Me senté en el mueble, viendo mi celular, arrepintiéndome de no haberle comprado uno en su momento. Aunque da igual, no me llamaría. Está huyendo de mí.
No sé si solo se está escondiendo o ya está escapando, pero no importa, no podrá salir de la ciudad. Y si solo se está escondiendo como una rata, es cuestión de tiempo para encontrarla. Y una vez que lo haga no la dejaré escapar.
Adiós salidas, adiós trabajo, adiós calles. La encerraré en la mansión hasta que aprenda… O al menos, hasta que se adapte que yo soy todo lo que tiene.
¿Cómo se atrevía a escapar? ¿No sé daba cuenta que me estaba volviendo loco? ¿Qué ya no soy capaz de dormir si no está a mí lado? ¿Qué no puedo vivir sabiendo que no es mía? La necesito conmigo. No entendía la obsesión que tenía, pero no quería tratamiento psicológico ni ninguna de esa m****a. Solo la necesitaba a mi lado.
Era mi oxígeno. Estaba dispuesto a matar a quien fuese por recuperar a mi mujer. Renunciaría a toda mi fortuna si eso me asegura un lugar en su corazón. Pero era muy tarde, no importaba todo lo que hiciese, Erika jamás sería capaz de amarme. No luego de las acciones que he tomado en su contra. Por lo cual, si no podía obtener su amor, la obligaría a estar junto a mí, ya sea por miedo o extorsión. Era la única manera.
No podía permitir que se escapara nuevamente y arriesgarme a que consiga librarse de mí. Me aterra la simple idea de no volver a verla.
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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi cruel esposo: Cayendo en su trampa
Oye si ya pagué para desbloquear capítulos y me regreso porque siguen bloqueados creo que no está bien...