••Narra Erika••
El brazo… Dios, dolía demasiado, ardía. Era insoportable.
Derek no me dijo nada, se negó a darme la hora.
No me ha dicho nada por el anillo, ¿no sé había dado cuenta? ¿Yo misma me expuse?
Un doctor entró en la habitación. Arrugué la frente, recorriendo la habitación. No me había percatado que estaba en una habitación de hospital. Y mi brazo izquierdo estaba vendado hasta el codo.
Recordé los espantosos sonidos que emitía mi dedo cuando lo movía para poder escapar. Un escalofrío recorrió mi columna.
Logré escapar del señor Martín y caí en los brazos de Derek. Cambié una celda por una jaula.
Por más que mi cuerpo se estuviese desgarrando de afuera hacía dentro, no me importaba. Necesitaba saber mi condena, necesitaba saber los números fijos a los que había subido mi deuda.
―Señora Erika ―Una voz se escuchaba a la lejanía, pero no era capaz de saber de quien provenía porque estaba ocupada viendo a Derek, esperando que marcara mi destino. ―Erika, ¿puede escucharme? ―La voz se repetía una y otra vez hasta que se volvió lo suficientemente fuerte para mis oídos. Voltee, viendo al doctor―.¿Puedes escucharme?
Asentí y él sonrió con amabilidad.
―¿Sabes dónde estás?
Asentí.
―Me podrías decir el nombre del lugar, por favor.
No me había dado cuenta que estaba en un perpetuo silencio, que mis labios no se movían en espera de escuchar la voz de Derek.
―En el hospital ―Sentí la garganta seca y rasposa.
―¿Y sabes por qué estás aquí?
Por supuesto que sabía. Los recuerdos eran horribles e intrusivos. Deseaba no recordar nada.
Miré a Derek y volví a mirar el doctor mientras notaba que mi pulso subía.
No podía hablarles de Martin, ni de mi deuda primaria. Ya Derek debe estar extasiado por tener la oportunidad de controlarme debido a que rompí el contrato llegando después de las nueve de la noche. Si llegara a poseer la deuda que tengo con Martín, me convertiría en una esclava por completo. O podrían llegar a unirse los dos para destruirme.
Cualquier escenario que me pasaba por la cabeza era espantoso.
―¿Sabe por qué estás aquí? ―repitió.
―Me lastimé ―respondí con prisa.
―¿Podemos saber cómo terminó en esta situación?
Quería saber quien me lastimó, era obvio que una mentira como: “me caí por las escaleras” no explicaría la desaparición del anillo. No podía hablar sobre Martín y tampoco puedo inventarme una agresión falsa. Eso solo empeoraría las cosas para mí y para posibles victimas en el futuro.
Así que solo me quedaba la opción que me hacía ver cómo una estúpida.
―No.
―¿No quiere decirlo?
―No ―repetí.
―¿A qué te refieres, Erika? ―gruñó Derek―. Tienes que decirlo. Si no sabes su nombre porque era desconocido, al menos da una descripción, o el lugar donde ocurrió.
Cerré los ojos, negando con la cabeza.
―No, no. Solo quiero que me dejen en paz ―La voz me temblaba.
¿Y si les decía que fue el Señor Martín y Derek se enfrenta a él? Ya sé que Derek no es una blanca palomita, pero hay una diferencia entre lo que él hace y literalmente dedicarse a la mafia. ¿Y si mata a Derek?
Un hueco se formó en mi corazón.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi cruel esposo: Cayendo en su trampa
Oye si ya pagué para desbloquear capítulos y me regreso porque siguen bloqueados creo que no está bien...