Parpadeé repetidas veces, hasta que comprendí lo que me estaba diciendo.
Ya van, este hombre me estaba diciendo que el contrato no era de un año, sino de diez.
Gracias a Dios estaba sentada. De lo contrario me hubiese caído de culo.
Esperé ese sentimiento de dolor, rabia, enojo. Sin embargo, jamás llegó.
Enterarme que estaba atrapada con él por diez años debería ser mi mayor tristeza. Tal y como lo fue el día en que desperté en su cama y me contó del contrato de un año. Lloré, estuve sin comer, beber agua.
Y aquí estaba, sin decir nada. Sin tener ningún sentimiento negativo. Él me causaba miedo y mucho, no podía negarlo. Cada vez que pensaba en la posibilidad de ser demandada me dolía el estómago.
Pero saber que iba a estar diez años junto a él como su esposa, se sentía bien hasta cierto punto. Había diferencia entre compartir diez años con Derek como su esposa, que como su esclava o deudora.
El único miedo que poseía mi corazón era saber que debía andar con pie de plomo a su alrededor, que en cualquier momento me podría demandar. Y aún sentía ese riesgo latente mientras hablaba con él.
No sabía que sentía en estos momentos, me agradaba pensar que sería su esposa por más tiempo, pero eso significaba que tenía más tiempo para atraparme como si esclava.
Mi traición sigue fresca, la posibilidad que me demande por llegar después de las diez de la noche está vigente.
―Necesito leer ese contrato ―Fue lo único que se me ocurrió decir.
Estaba en desventaja.
La bañera se estaba llenando nuevamente con agua tibia.
―Está bien. Después dejaré que lo leas.
Ese “después” se escuchaba muy lejano.
El silencio cayó sobre nosotros. El continuó pasando las manos por mi cuerpo y mojándome el cabello.
Al rato, me digné a hablar.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi cruel esposo: Cayendo en su trampa
Oye si ya pagué para desbloquear capítulos y me regreso porque siguen bloqueados creo que no está bien...