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Mi cruel esposo: Cayendo en su trampa romance Capítulo 9

No fui a mi apartamento, los empleados de Derek me trajeron ropa suficiente para tirar al techo. Me deleité viendo los distintos y elegantes vestidos; había variedad para cualquier ocasión: estilo cóctel, noche, eventos especiales, bodas, fiesta y oficina. Pasé los dedos por la tela fina y suave.

No podía negar que era como un sueño, tanta ropa solo para mí. La ropa que me correspondía estaba de un lado del vestier y del otro lado estaba la de Derek. Estábamos compartiendo el vestuario de la habitación. Y eso significaba que no dormiría en esta mansión simplemente, dormiríamos en la misma habitación.

Pasé mi mano por las faldas y pantalones, recorriendo la zona. Llegué al espejo de cuerpo completo que me reflejaba, mi cabello estaba desordenado, la piel de mi rostro más pálida de lo normal y unas ojeras adornaban mis ojos azules. Mi pequeño cuerpo estaba cubierto por la camisa de Derek, no me veía muy sexy en la parte superior porque mi busto era chico y estaba flaca. Era consciente que los huesos de mi clavícula sobresalía más de lo recomendable. Cualquier idiota notaría que mi peso no era adecuado para mi edad, pero como era de baja estatura lo pasaban por alto.

En cambio, la parte inferior de mi cuerpo lucía mejor de lo que podía esperar para alguien que no se alimentaba como correspondía. La forma de mi cuerpo siempre fue como el reloj de arena, por lo cual las curvas de mis caderas se distinguían. Agradecía ser nalgona y caderona por genética.

Me fijé en la figura detrás de mí, recostado en el marco de la puerta. Me giré de un brinco para encontrar los ojos grises de Derek, fulminándome. No tenía gesto burlón, arrogante, desagradable. Solo me veía, me analizaba.

Tras un largo e incómodo minuto, decidió romper la tensión.

―En esta sección están tus zapatos ―Avanzó a una puerta corrediza en la esquina del vestier, una estantería exhibiendo tacones, zapatos deportivos, sandalias, botas―. Y en esta otra está tu joyería.

Abrió unos cajones que contenian collares, pulseras, peinetas, anillos, aretes.

Jamás pensé tener un cajón extra largo repleto de joyerías. La incredulidad estaba escrita en mi rostro.

―Avísame si te falta algo.

Su voz era neutral. No me estaba presumiendo lo que era capaz de darme, solo me dejó claro lo que era mío durante nuestro matrimonio.

Pensé que me obligaría a vestir un traje de sirviente o a no vestir nada durante esta horrible etapa.

Mis mejillas se encendieron al pensar en lo último.

―¿Por qué me da todo esto? Pensé que querías hacerme sufrir, pero en su lugar me regalas ropa costosa para usar durante nuestro matrimonio.

Sus ojos bajaron a mis pies descalzos y volvieron a mi rostro.

―Este matrimonio tiene dos propósitos. El primero es vengarme de ti ―dijo con tranquilidad, como si estuviera hablando del clima con un colega del trabajo―. El segundo es que mis padres entiendan su lugar en mi vida. Se creen con el derecho de escogerme esposa y yo me he asegurado de estropear cada matrimonio que intentan concertar en mi nombre y dejarlos en vergüenza.

Sestaba segura que se refería a lo que me dijo Kira ayer, sobre que desvirgaba a sus posibles prometidas y dejaba claro que no tenía intenciones de casarse con ninguna de ellas.

―¿Harás público nuestro matrimonio? ―hablé con miedo.

Si mi jefa se enteraba que estaba casada con Derek, me arrancaría la cabeza.

―Sí, y los primeros en enterarse serán mis padres. Y como ya me casé, dejarán de molestar. Y además aprovecharé en sacarles un par de canas verdes gracias a ti porque tú no estás… ―Se detuvo, como si fuera consciente de lo que iba a decir. Estaba a nada de insultarme, pero se detuvo.

No comprendía porqué no terminó la oración si apenas tenía la oportunidad me despreciaba verbalmente.

―A tú nivel, ya sé. Me lo has dejado claro un millón de veces ―hablé con frialdad y le pasé por delante.

Lo escuché maldecir detrás de mí, pero fingí no hacerlo.

Preferí no cenar y estuvo a nada de iniciar una discusión por eso, pero algo lo detuvo.

―¿Dónde voy a dormir?

Estábamos frente a la cama. Bueno, yo estaba frente a la cama, Derek estaba rondando la habitación, saliendo y entrando con naturalidad, arreglando sus cosas.

Cuando le solté la pregunta, estaba metido en el vestier.

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