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Obligada A Amarte romance Capítulo 17

Claudia

Isabel y yo nos mantenemos fijas en una guerra de miradas en la que no estoy dispuesta a perder, no me interesan las razones que tuvo para actuar a mis espaldas o si tiene razón en lo que dice, ya me cansé de que sean los demás quienes decidan por mí. Me cansé de ser un objeto que todo el mundo manipula a su maldito antojo y no una persona capaz de valerse por sí misma. Quiero a mi amiga, por Dios, claro que sí y ni siquiera se imagina la falta que me hizo, pero no por eso voy a celebrar su abuso de confianza.

—Dije que me voy, ni tú ni él pueden entender, que estoy harta de que me vean como la pobre niña que tienen que cuidar, me cansé de estar encerrada bajo la voluntad de un ególatra arrogante que no puede ver más allá de sus narices, como para venir a caer en manos de la hermana sobre protectora —bufo—. Te agradezco la ayuda, y siento haberte involucrado en esto, siempre seremos amigas, pero ahora mismo me voy de tu casa —decreto obstinada.

Estoy tan molesta, pero maldición tiene razón, no solo me alejo de él por lo que me hizo sino también por las sensaciones que me provoca, tengo que poner la mayor distancia posible entre él y yo, no quiero ni imaginarme lo que sería vivir con alguien tan demente y desquiciado como Richard Mobasseri.

—Clau, por favor, no te vayas —pide, pero simplemente me niego—. Tienes razón, lo siento, no debí meterme. Es tu vida y solo tú puedes decidir qué hacer —acepta a regañadientes a pesar del tono conciliador que utiliza.

Soy una hipócrita al hacerla sentir mal cuando sé de sobra que tienen total razón, sin embargo, no me da la gana de aceptar en voz alta lo que ella insinúa abiertamente.

—Únicamente deja que sea yo quien decida, acepto tus consejos, tu opinión sobre todo lo que en este momento sucede con mi vida, pero te suplico que por favor me permitas decidir a mí —giro la silla para quedar de frente a ella—. En este momento nada más necesito que seas mi amiga y que me acompañes a llorar si tengo que hacerlo o a gritar cuando la situación me rebase —digo con sinceridad, porque es lo único que este momento realmente necesito, a alguien que me diga que todo estar bien, solo eso.

—Perdón por haber actuado a tus espaldas, ahora que lo dices así veo que ciertamente toda la razón es tuya —concede—. En mi defensa diré que me gana el instinto de protección, sabes que te quiero mucho y por ti es que estoy donde estoy en este momento —mi corazón se arruga y se hace bola al recordar cuando ella pasaba horas reflexionando en lo que sería mejor para ella.

—Te quiero, Isa —le abro los brazos y ella se inclina y me corresponde.

—Y yo te quiero a ti, Clau —susurra en mi odio.

—Ahora muéstrame lo que traes en esas bolsas —pido cómplice, algún día podré tener la misma independencia de ella, estoy segura de eso porque soy una mujer fuerte.

—Bueno… estas son unas cositas que compre para ti y espero que no me las rechaces —hace un puchero de lo más tierno—. Lo compré con mucho cariño —tomo cada una de las prendas que me va pasando sin darme tiempo a verlas bien.

—No estoy segura de que esto me quede —pongo en alto un vestido de verano bastante corto.

—Claro que si te queda, además ya note que te guardas unas piernas de infarto —dice bajando y subiendo las cejas—. Tenemos que demostrarle a ese Mobasseri de pacotilla que el encierro solo te hizo más hermosa —trago saliva, pensé que ya no lo nombraría más en lo que queda de día.

—Se te olvida que tengo que tener esta cosa por cinco meses —señalo la férula de pierna—. No comprendo por qué tengo usarla hasta la rodilla cuando solo me lesione el tobillo —expreso con fastidio.

—Quien sabe, quizás ese tipo se lo sugirió al médico para poder tenerte imposibilitada —y vuelve la burra al trigo.

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