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Obligada A Amarte romance Capítulo 34

Andrea

Luego de un largo baño de nuevo estoy vestida, hubiese preferido quedarme en ropa de dormir, pero a estos neófitos se les ocurre hacer visitas a unas horas muy inusuales y no me queda otra opción más que atenderlos, aparte de que la interesada en su ayuda soy yo, pero bien pudieron decirme que vendrían esta noche y no darme el susto de mi vida al llegar de esa manera.

—Bueno, ahora si me van a explicar por qué mierdas sufren de paranoia persecutora —inquiero al tiempo que me dejo caer en el sofá.

—¿Quién te dijo que tenemos un trastorno? —cuestiona de vuelta Stuart.

—Me largo, no vine para que me llamaran enfermo —anuncia Maxwell.

—Primero, no dije que estaban enfermos y segundo, tampoco dije que tenían un trastorno como tal —señalo—. Sin embargo, se me hace demasiado paranoico la seguridad extrema con la que se comportan, todo lo que le rodea pasa por sistemas de seguridad y tú tienes controlada la red total y completamente y ningún organismo de defensa ni siquiera se ha dado cuenta, con solo un clic eres capaz de matar al presidente —expongo obvia.

—El presidente nos cae bien, no lo queremos matar, más bien cuidamos de que enemigos suyos no acaben con él porque si no el país se iría a la mierda en un abrir y cerrar de ojos, pero eso no te importa realmente, la cuestión es que nos gusta pasar inadvertidos en todas partes, ya sabes ser invisibles —contesta Stuart.

—Dejen el chisme para otro día, ahora no tengo ánimo de escucharles hablar de fruslerías —intervino maxwell en tono amargado, no comprendo que le pasa, por lo general es bastante sociable—. Mientras más rápido nos digas que es lo que necesitas, más rápido me iré y ustedes podrán retomar lo que interrumpí hace rato —siento que la sangre abandona mi cara y se congela en mis venas.

—Necesito que me ayuden a investigar todo con respecto a esta mujer y si la información contenida en estos documentos es válida —les entrego una carpeta con el informe de la investigación sobre Hannah más una fotografía suya.

—El informe fue manipulado, no sirve —dice Maxwell sin ni siquiera levantar la cara—. Muchos de los datos no coinciden, quien le entrego esto los estafo y te aseguro que si lo llamas no contestará el teléfono y que además ya no debe de estar en la ciudad —continúa.

—Tiene razón, este informe es un montaje, pero podemos investigar qué es lo que quieren ocultar —sugiere Stuart.

—¿Cómo pueden estar tan seguros de que es falso si apenas y lo abrieron? —cuestiono incrédula.

—Si vas a confiar más en la información que te vendieron, entonces para qué nos llamaste —replica Maxwell.

—¡Me tienes harta con tu actitud chocante, yo no tengo la culpa de que no te hayan follado bien, así que mejor bájale dos a tu histeria! —exclamo conteniendo la voz al tiempo que me pongo de pie y lo enfrento cara a cara.

—Mejor vamos a clamarnos, respiremos profundo y contemos hasta diez —formula Stuart tratando de que las cosas se mantengan en orden.

—Yo estoy bien, pero el idiota este únicamente me ha atacado desde que llego y ya me tiene más que harta con sus comentarios fuera de lugar —observo y de nuevo me dejo caer en el sofá.

—No diré nada más —anuncia y nos da la espalda para caminar al comedor y sentarse allí.

—¡Por Dios, Es más fácil atener a una mujer embarazada que un hombre enamorado!, en fin, a lo que vinimos —exclama teatral—. Maxwell y yo tenemos años de experiencia, es por eso que podemos ver a simple vista que esto es falso y si es falso es porque algo están ocultando, pero quien oculta no es el investigador, sino los que le pagaron para que cambiara todo lo que él había encontrado por la información que les convenía —señala—, en ese caso, ¿A quién perjudica todo esto? —interroga.

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