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Obligada A Amarte romance Capítulo 42

Hannah

No voy a permitir que me haga a un lado como si nada, primero lo mato y me quedo con todo su dinero antes de verlo con esa maldita zorra, necesito liberarme y huir, pero ahora estoy en desventaja, lo ideal será esperar a estar en la mansión ya me escabullí una vez de esa fortaleza bien puedo volver a hacerlo, y esta vez voy a ir directamente por la zorra, voy a hacer que me pague el haberme robado el amor de mi esposo, haré que se arrepienta de haberse metido entre él y yo.

—Es una lástima que una mujer tan hermosa se haya vuelto totalmente loca —rebuzna el tipo que va conduciendo.

—No te expreses así, loca y todo sigue siendo la esposa de nuestro jefe, respeta —recrimina el copiloto.

—¿Si saben que la señora puede escucharles, cierto? —cuestiona el que está a mi lado.

—Va esposada, ¿Qué puede hacernos nada? Además, tampoco es que estemos levantando falsos en su contra —justifica el chofer.

—No creas que no puedo hacerte nada, únicamente porque no puedo usar mis manos, cuídate porque un día amanecerás sin lengua —afirmo con una sonrisa al tiempo que nuestras miradas se conectan a través del espejo retrovisor.

—Eso te ganas por meterte en lo que no te importa, tú estás aquí únicamente para hacer tu trabajo, sin chismear en la vida de los jefes —recalca el copiloto.

—A ti te perdonaré, por no olvidar cuál es tu lugar —señalo y le lanzo un beso cuando se gira para mirarme.

Idiotas, de verdad se creen el cuento de que estoy loca y lo que menos se imaginan es que estoy más cuerda que todos juntos y que pienso volver a largarme después de matarlos a todos, empezando por la perra que me quito a mi esposo. Él tenía que seguir llorando por mí, esperarme en la amargura de saberme muerta y así cuando yo regresara él me recibiría con los brazos abiertos, con el corazón vibrándole de felicidad, porque la vida me regresaba a él, pero no, la mosca muerta esa se tuvo que interponer en medio de ambos y enamorarlo con su carita de no rompe ni un plato.

Ahora todos tienen que morir, para que yo pueda ser la viuda heredera, después me tendré que encargar de la vieja Montero, ella no ha querido continuar con el proceso legal para que Richard sea su heredero porque no quiere que yo sea quien me quede con esa grandiosa fortuna, pero cuando esté muerta no habrá nadie que me detenga para validar a mi futuro difunto esposo como único heredero de ese dinero y si se complica un poco siempre puedo pagar para que las cosas salgan como yo deseo, después de todo tendré dinero, mucho dinero.

—Parece feliz por haber regresado a su antigua casa —comenta el tipo a mi lado cuando me ve sonreír, no me di cuenta de que lo hacía.

—Sí, porque desde ahora las cosas empezaran a ir mejor, tomaran el curso que siempre han debido de tener —contesto bajando del auto con su ayuda.

—Así es como debe de estar siempre, se ve mucho más bonita cuando sonríe y le pido disculpa por el atrevimiento —destaca haciendo que le mire fijamente a los ojos—. Espero que no se haya molestado por mis palabras, señora —repite.

—Deja de coquetear con la esposa del señor, si no puedes respetar a quienes pagan tu salario será mejor que te cambie de puesto —recrimina Darwin con severidad.

—Déjalo, es el único de ustedes que realmente se comporta como un caballero y no como los gorilas salvajes que son ustedes —los apunto con el dedo, levantando amabas, manos esposadas—, gracias por decirme que me veo bonita, hace mucho tiempo que ningún hombre me alagaba de esa manera —me dirijo directamente al escolta.

La verdad es que nadie jamás me había dicho que me veo bonita al sonreír, ni siquiera Richard cuando estaba enamorado de mí, siempre me han dicho que soy ardiente, sexy o sensual, pero algo tan sencillo como decirme bonita nunca.

—Gracias, señora, pero mi superior tiene razón, mi deber es protegerla y respetarla —alega el chico tomando una postura más seria y profesional.

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