Claudia
Agradezco que las chicas estén poniendo de su parte para hacer que Hannah se sienta cómoda entre nosotras, estos días han sido muy difíciles para ella, sobre todo porque siente el rechazo constante de todos, he pensado que lo mejor es irnos ella y yo a vivir solas, pero pensar en Richard en cómo me siento a su lado me detiene, él es el amor y me dolería tener que vivir una vida sin él, sin embargo, no puedo obligarle a que acepte a mi hermana ni a ella le puedo imponer la voluntad de otra persona.
Es tan complicado todo esto, verla en silencio mientras todas conversan alegremente y todo con el propósito de que ninguna reniegue de su presencia, aunado a este hecho, la cantidad de hombres que nos siguen para protección mía, porque ni siquiera cuidan de las demás si no que su única y exclusiva responsabilidad es mi bienestar, claro entiendo que ellas saben defenderse, pero que peligro puedo correr estando entre personas de confianza, yo confío en Hannah y sé que jamás me haría daño.
Al fin llegamos al mall, bajamos del vehículo y nos adentramos en el exclusivo edificio de tiendas, es obvio que este lugar cuenta con muchas otras áreas de esparcimiento, pero por experiencia sé que a las chicas lo único que les interesa son las tiendas y que hoy las recorreremos todas, me detengo cuando pasamos frente a una tienda de perfumes, me gustaría obsequiarle uno a Richard, como símbolo de paz aunque usaré su propio dinero supongo que lo que cuenta es la intención.
—Las alcanzo en un momento, le compraré algo a Richard —anuncia haciendo que todas se detenga.
Después de unos segundos, sin que nadie dijera nada, se decidieron a comprar cada una algo para su respectivo esposo, sorprendiéndose ellas mismas, ya que lo normal es que gasten en ellas o en los niños que por cierto pasan mucho tiempo con sus padres, estas mujeres o están en sus respectivos trabajos o están de compras, aunque no digo que sean malas madres, es solo que no entiendo cómo es que pueden sacar tiempo para atender a sus crías también.
—Hola, ¿Desea que le muestre algún perfume en especial? —pregunta una mujer de mirada amable.
—Hola, este… es que no sé qué pueda regalarle —balbuceo avergonzada—. No conozco sus gustos en realidad.
—El que da el obsequio lo hace por la satisfacción de ver que el otro lo disfruta, y al mismo tiempo, quien lo recibe siente el cariño y el amor de quien se lo da, no hace falta conocer sus gustos —dice mientras coloca varios frascos sobre el mostrador—, si se trata de un perfume basta con que la fragancia que elijas te recuerde a ese hombre especial.
Sonríe cómplice, como si supiera que Richard es tan importante para mí que no sé cómo hacerlo feliz, pero al mismo tiempo siento que no es nuestro destino estar juntos.
—Estos perfumes encierran cada uno dentro de sí una característica, una, dependiendo de la personalidad de esa persona, deberías escoger el que más convine con él —menciona mientras me da a oler varias fragancias, pero cada una me parece tan débil e insulsa como si ninguna encerrara dentro de sí la mirada fría e imponente de Richard, la sensualidad con la que me hechizo la primera vez que nos vimos—. Chanel Bleu —dice y me da la muestra del perfume que al instante cata todos mis sentidos, haciéndome revivir cada una de las sensaciones de nuestro primer beso.
El aroma encierra misterio, poder y erotismo como ningún otro, puedo percibir ciertas notas dentro de su composición que hacen que mi piel hormiguee, cítricos, cedro y almizcle blanco me seducen de una manera inigualable.
—Parece que ha encontrado el perfume perfecto para su esposo —comenta trayéndome de vuelta a la realidad en donde me sonrojo al instante.
—No es mi esposo, es mi novio —murmuro apenada, por Dios soy una mujer adulta, es normal que tenga pareja.
—Entonces, no lo deje ir, pocos hombres logran que una mujer los recuerde y los sienta de la manera en que él lo hace con usted —maldición seguramente cerré los ojos mientras tenía un orgasmo olfativo.
—Claudia, ¿Podríamos llevar este también? —pregunta Hannah interrumpiendo la plática.
Observo el envase azul verdoso en sus manos, lo tomo y leo el nombre en la etiqueta Neroli Portofino, Tom Ford, la fragancia es exquisita aunque no es de mi estilo.
—Es una fragancia ideal para la mujer que quiera devorarse al mundo, es vibrante y única —comenta la dependienta con entusiasmo.
—Claro, no hay problema, pero elijamos uno para mí también ¿Te parece? —contesto y elegimos un perfume rápidamente, mis notas son más románticas, por lo que si problema elijo un Lancôme, me dirijo a la caja donde las chicas también se encuentran cancelando sus compras y salimos todas cada una con una bolsa de compra a la mano.

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