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Perfume Letal de la Esposa romance Capítulo 115

La noche antes de la tormenta, el mundo se dividió en tres silencios.

En un penthouse de espejos y mármol con vistas a la ciudad iluminada, el silencio de Valentina era triunfante.

Se paró frente a un espejo de cuerpo entero, un vaso de champán en la mano. Llevaba puesto el vestido para la gala. Era de un rojo escandaloso, el color de la victoria y la sangre. La seda se ceñía a su cuerpo como una segunda piel, una armadura para la batalla que sentía que ya había ganado.

Practicó su sonrisa. Una sonrisa radiante y conmovida para cuando las cámaras la enfocaran junto a Simón. Una sonrisa modesta y agradecida para cuando los socios lo felicitaran. Y, la más importante, una sonrisa de compasión victoriosa, la que le dirigiría a Abril.

Estaba exultante. Cada pieza de su plan había encajado. Había asegurado el éxito de Simón, consolidando su lugar a su lado. Se veía a sí misma como la arquitecta de su destino, la reina en la sombra. Mañana no sería solo el triunfo de Simón. Sería el suyo. Sería la noche en que el mundo finalmente vería quién era la mujer indispensable en la vida de Simón Ferrer.

Levantó su copa hacia su propio reflejo.

—Por mí —susurró, su voz un ronroneo de autosatisfacción.

A unos kilómetros de distancia, en una mansión demasiado grande y fría, el silencio de Simón era ansioso.

Estaba en su estudio, la oscuridad solo rota por la luz de una lámpara de escritorio. El premio que recibiría mañana, el mayor honor de su carrera, debería haberlo llenado de euforia. En cambio, sentía un nudo de presentimiento ominoso en el estómago.

Sobre su escritorio, la caja de terciopelo azul del collar devuelto permanecía cerrada, un ataúd para su orgullo. No la había movido. Era un recordatorio constante de su fracaso, de su absoluta desconexión con Abril.

Su mano se cernía sobre su teléfono. La tentación de llamarla era una agonía. ¿Pero qué le diría? "¿Por qué me odias?". "¿Todavía te importo?". Las preguntas sonaban patéticas, incluso en su propia mente.

Se sirvió un whisky, el líquido ámbar ardió en su garganta pero no calmó la inquietud.

Capítulo 115 1

Capítulo 115 2

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