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Perfume Letal de la Esposa romance Capítulo 142

Simón no fue a la oficina.

Por primera vez en su vida adulta, simplemente no fue. No llamó, no envió un correo, no inventó una excusa. Su ausencia, un agujero negro en el universo perfectamente ordenado de Ferrer Arquitectos, sin duda causaría un revuelo, pero no le importaba.

Pasó el día vagando por la mansión vacía.

La casa, antes un símbolo de su estatus, ahora se sentía como un mausoleo. Cada habitación silenciosa, cada objeto perfectamente colocado, le gritaba la presencia ausente de Abril.

El sol entraba a raudales por los ventanales, iluminando partículas de polvo que danzaban en el aire. El silencio era tan profundo que podía oír el zumbido de la nevera desde la cocina, el tictac del gran reloj del vestíbulo.

En la biblioteca, sus dedos rozaron un estante inferior, uno que nunca miraba. Allí estaban los libros de ella: poesía, botánica, novelas con las esquinas gastadas. Los ignoró y siguió caminando, como si buscara algo sin saber qué era.

Su búsqueda lo llevó a un salón que rara vez usaban. En el fondo de un armario de caoba, encontró lo que no sabía que estaba buscando.

Un viejo álbum de fotos con una cubierta de terciopelo azul.

Lo sacó y lo llevó a la mesa de centro, el sol de la tarde cayendo sobre las páginas. Lo abrió.

Y la mujer que nunca conoció lo miró desde el pasado.

La primera foto era de ella en una playa de Oaxaca, años antes de conocerlo. Tenía el pelo revuelto por la brisa del mar, la piel dorada por el sol, y estaba riendo a carcajadas, una risa tan abierta y llena de alegría que Simón casi pudo escucharla.

Capítulo 142 1

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