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Perfume Letal de la Esposa romance Capítulo 147

El diario fue el golpe final. La evidencia irrefutable, escrita con la tinta de su propia esperanza desvanecida.

El autoaislamiento en la mansión se convirtió en una tortura insoportable. Cada rincón le susurraba su fracaso.

El silencio de las páginas en blanco del diario de Abril resonaba en sus oídos, un grito ensordecedor de todo lo que había destruido.

La culpa ya no era un concepto abstracto. Era una presencia física, un peso en su pecho que le dificultaba respirar, un sabor amargo en la boca que ningún whisky podía lavar.

Después de días de vagar como un alma en pena por su propia casa, una claridad febril se apoderó de él.

No podía arreglar el pasado. No podía borrar el dolor. Pero había un lugar al que debía ir. Un lugar que había evitado durante cinco años, un punto ciego en el mapa de su propia vida que ahora lo llamaba como un faro oscuro.

Tomó las llaves de su coche, ignorando la docena de botellas vacías que adornaban su estudio. El alcohol era el camino fácil, el camino del olvido. Y él ya no quería olvidar. Quería recordar. Quería sentirlo todo.

Condujo fuera de la ciudad. Dejó atrás las avenidas concurridas, los edificios de cristal y acero, su mundo de éxito superficial. Tomó una carretera secundaria, el asfalto volviéndose más agrietado y desigual a cada kilómetro.

El paisaje se volvió industrial, desolado. Pasó junto a bodegas abandonadas y fábricas silenciosas. El aire se sentía más pesado, cargado de los fantasmas de una prosperidad pasada.

Finalmente, giró por un camino de tierra, una cicatriz polvorienta en el paisaje. El coche se sacudió y protestó, las llantas luchando por encontrar agarre.

El altar de su sacrificio.

Apagó el motor. El silencio era absoluto, roto solo por el silbido del viento a través de las ventanas rotas del edificio.

Se quedó allí, mirando a través del parabrisas. El sitio estaba en ruinas, un monumento decrépito a su fracaso. Aquí era donde la vida de Abril se había fracturado. Aquí era donde su propia vida se había cimentado sobre una mentira.

Este no era solo el lugar donde ella había perdido su carrera. Era el lugar donde él había perdido su alma.

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