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Perfume Letal de la Esposa romance Capítulo 157

Bruno Márquez se sentía un gladiador entrando al Coliseo.

Se había preparado para la misión con la meticulosidad de un general. El traje era de un color azul eléctrico que bordeaba lo ofensivo, combinado con unos mocasines de piel de cocodrilo sin calcetines. Su reloj de oro brillaba bajo el sol de la tarde. Olía a una cantidad de perfume que podría noquear a un animal pequeño. Era la armadura del encanto.

Estacionó su Porsche justo enfrente de "Aromas del Alma", una maniobra deliberadamente ruidosa y llamativa. Salió del coche y se tomó un momento para admirar su reflejo en el escaparate antes de acercarse a la gran puerta de madera.

Se sentía invencible. Estaba a punto de lograr lo que Simón, con toda su riqueza y poder, no había podido: abrir una brecha en la fortaleza de Abril Lozano.

Entró.

El interior lo golpeó con su silencio y su elegancia discreta. El aire olía a limpio, a madera y a algo floral y sutil que no pudo identificar. No había música estridente ni luces de neón. Era un templo, y se sintió, por un instante, profano.

Una joven estaba sentada detrás de un mostrador de mármol. Llevaba un sencillo vestido negro y su cabello estaba recogido en una coleta impecable. Levantó la vista, y sus ojos, enmarcados por unas gafas de montura fina, lo evaluaron con una frialdad que desinfló ligeramente su ego.

—Buenas tardes —dijo la asistente, su voz era tan pulcra como su apariencia—. ¿Tiene una cita?

Bruno recuperó la compostura y desplegó su arma principal: su sonrisa de un millón de dólares. Se apoyó en el mostrador con una familiaridad estudiada.

—No, preciosa, pero lo que tengo es mucho mejor. Soy Bruno Márquez. Amigo íntimo de la familia.

Esperaba un sonrojo, una risita, una señal de reconocimiento. No obtuvo nada. La asistente, Clara, simplemente lo miró, su expresión no cambió.

—La señora Lozano no recibe visitas sin cita previa —repitió, su tono era una pared de profesionalismo.

—Claro, claro, entiendo las reglas —dijo Bruno, guiñándole un ojo—. Pero esto es diferente. Es un asunto de suma importancia. Un asunto del corazón.

Clara enarcó una ceja, un movimiento casi imperceptible que transmitía un profundo escepticismo.

Capítulo 157 1

Capítulo 157 2

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