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Perfume Letal de la Esposa romance Capítulo 164

El café olía a granos tostados y a la promesa de lluvia. Sobre la pequeña mesa de madera, entre dos tazas de espresso, un universo de aromas se desplegaba en pequeñas tiras de papel secante.

Abril se sentía como si hubiera vuelto a casa después de un largo exilio.

La conversación con Julián no era una conversación. Era una sinfonía. Hablaban de la nota terrosa del vetiver de Haití, de la dulzura casi animal del jazmín de la India, del carácter ahumado del abedul ruso. Él hablaba con la precisión de un científico y la pasión de un poeta. Ella respondía con la intuición de una artista y la sabiduría de una curandera.

Se entendían. Completamente.

—Tu trabajo con el copal es revolucionario —dijo Julián, inhalando una de las muestras que Abril había traído—. Respetas su sacralidad. No intentas domarlo, dejas que hable. La mayoría de los perfumistas occidentales lo usan como una nota de fondo exótica. Tú lo has convertido en el protagonista. En el alma.

Abril sintió una oleada de calor. Era el tipo de cumplido que solo otro artista podía hacer. Un reconocimiento que iba más allá del éxito comercial.

—Es la memoria de mi tierra —respondió ella—. No se puede embotellar sin honrar su historia.

Julián la miró, sus ojos avellana brillando con una intensidad que la hizo contener el aliento.

—Has creado un nuevo lenguaje olfativo, Abril. Un lenguaje que el mundo necesita oler.

Dejó la tira de papel sobre la mesa y se inclinó hacia adelante, su energía llenando el pequeño espacio entre ellos. La atmósfera cambió. La apreciación se convirtió en propuesta.

—Imagina esto.

Su voz bajó, volviéndose más profunda, más conspiradora.

—La pureza de tu copal de Oaxaca. Su humo sagrado, su conexión con la tierra, con el sol.

Capítulo 164 1

Capítulo 164 2

Capítulo 164 3

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