Esa noche, durante la cena, que ahora era un ritual silencioso y gélido, Abril decidió informarle a Simón de sus planes.
No le estaba pidiendo permiso. Simplemente le estaba comunicando un hecho.
—Me voy de viaje unos días —dijo, mientras cortaba un trozo de pescado.
Simón levantó la vista de su plato, su expresión era de fría indiferencia.
—Ah, ¿sí?
—A Oaxaca —continuó Abril, con la misma calma—. Voy a visitar a unos parientes lejanos. Necesito despejar la mente.
La mención de Oaxaca y la excusa de los "parientes" fueron la confirmación que la mente paranoica de Simón necesitaba.
Todo encajaba perfectamente en su retorcida teoría. Un viaje secreto, lejos de la ciudad. El escenario perfecto para un encuentro clandestino.
Una sonrisa condescendiente y llena de sarcasmo se dibujó en sus labios.
—Claro.
Dejó los cubiertos a un lado, apoyándose en el respaldo de la silla como un rey en su trono.
—"Parientes".
La palabra goteaba veneno.
—Diviértete.
La miró fijamente, sus ojos fríos como el hielo, tratando de intimidarla, de hacerla flaquear.


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