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Perfume Letal de la Esposa romance Capítulo 23

Valentina sentía que estaba perdiendo terreno.

Los intentos de Simón por controlar a Abril habían fracasado estrepitosamente. La historia del investigador privado había terminado en una humillación silenciosa para él, con informes confusos sobre hierbas y ancianos que no llevaban a ninguna parte.

Frustrada por la falta de progreso, decidió tomar cartas en el asunto.

Llegó a la mansión una tarde, sin avisar, con el pretexto de traerle a Simón unos documentos que había "olvidado" en su coche.

Él la recibió en el jardín. Estaba tenso, irritable.

—¿Qué haces aquí, Valentina? Estoy ocupado.

—Solo pasaba a saludar, mi amor —dijo ella, tratando de besarlo. Él se apartó—. No tienes que ser tan frío.

Mientras hablaban, una ráfaga de viento trajo consigo un aroma extraño desde el fondo del jardín.

Era una fragancia compleja, herbal y ahumada, diferente a todo lo que Valentina había olido antes. Provenía del invernadero.

—¿Qué es ese olor? —preguntó, arrugando la nariz.

—No lo sé. Es ella —masculló Simón, mirando hacia la estructura de cristal con resentimiento.

La curiosidad y la sospecha se apoderaron de Valentina.

—Voy a ver —dijo, y comenzó a caminar por el sendero de piedra.

—No puedes. Cerró la puerta con llave.

Valentina se detuvo. Miró a Simón y luego al invernadero. Efectivamente, en la puerta de cristal había un candado nuevo, de bronce, que brillaba bajo el sol.

—No lo sé... —dijo Valentina, bajando la voz—. Pero piénsalo. El secretismo, el dinero de Ortiz, ese viaje a Oaxaca... y ahora se encierra a hacer... ¿quién sabe qué? Con esos olores tan penetrantes.

Dejó que la insinuación colgara en el aire, venenosa y ambigua.

—Simón, solo me preocupo por ti. Por tu reputación. No sabemos en qué anda metida.

La semilla de la duda, que ya había germinado, comenzó a crecer, a echar raíces oscuras en la mente de Simón.

Ya no solo sospechaba de una infidelidad.

Ahora, gracias a la experta manipulación de Valentina, empezó a imaginar escenarios mucho más extraños y siniestros.

Se quedó mirando el invernadero, que antes era una simple estructura en su jardín y ahora parecía la guarida de una extraña.

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