La fiesta de lanzamiento de "Belle Âme" se celebró, como no podía ser de otra manera, en el salón principal del Hotel St. Regis.
Valentina no había escatimado en gastos. Cascadas de orquídeas blancas, torres de champán francés y una lista de invitados que incluía a toda la prensa de sociales y a la mitad de los "juniors" de la ciudad.
El evento era un monumento a la ostentación.
Valentina era la anfitriona perfecta, moviéndose entre los grupos con un vestido plateado que parecía hecho de metal líquido. A su lado, Simón interpretaba el papel del consorte orgulloso, aunque sus ojos carecían de brillo.
El perfume era el protagonista. Enormes proyecciones del frasco se veían en las paredes. Modelos vestidas de blanco ofrecían a los invitados muñecas perfumadas con "Belle Âme".
El aroma llenaba el aire.
Era... predecible.
Una bomba floral abrumadoramente dulce. Rosas, peonías y un toque de vainilla tan sintética que casi picaba en la nariz. Era un perfume diseñado por un comité de marketing, hecho para agradar a las masas.
Olía caro, sí. Pero no tenía alma. Era un grito, no un susurro.
Bruno Márquez y el círculo de amigos de Simón lo alababan en voz alta, asegurándose de que todos los escucharan.
—¡Es increíble, Valentina! ¡Huele a éxito! —exclamaba Bruno, rociándose generosamente.
—Es el aroma de una mujer global, moderna —añadía otro, con la misma falsedad.
En un rincón, alejado del bullicio, se encontraba un hombre que observaba la escena con una expresión de profundo aburrimiento.
Era Ricardo "El Lobo" Mendoza.


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