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Perfume Letal de la Esposa romance Capítulo 40

Simón terminó su propuesta, su voz resonando en el silencio del invernadero.

La oferta quedó flotando en el aire denso y perfumado, una red de poder y control disfrazada de oportunidad. Él la miraba, esperando. Esperando la gratitud, la sorpresa, la rendición.

Abril no se movió.

No parpadeó.

Simplemente lo escuchó, su rostro una máscara de serenidad, hasta que la última palabra de él se extinguió.

El silencio que siguió fue largo y pesado. No era un silencio de consideración. Era un silencio de juicio.

Finalmente, ella dejó el mazo de obsidiana sobre la mesa de madera con un sonido suave y definitivo. Se giró para mirarlo de frente, y por primera vez esa noche, Simón vio más allá de la calma.

Vio un frío glacial en sus ojos. Un frío que quemaba.

—¿Integrarla? —repitió ella, su voz era baja, casi un susurro, pero cortaba el aire como el filo de un cuchillo—. ¿A tu conglomerado?

Una pequeña sonrisa, desprovista de cualquier calidez, apareció en sus labios.

—Simón, no entiendes nada.

Él frunció el ceño, la confusión comenzando a erosionar su fachada de suficiencia.

—Esto no es un "pasatiempo" —continuó ella, su voz ganando fuerza con cada palabra—. No es un "negocio" que puedas adquirir.

Dio un paso hacia él, acortando la distancia, invadiendo el espacio de poder que él había intentado crear.

—Esto es el legado de mi abuela. Es la sabiduría de generaciones de mujeres que fueron más fuertes y más sabias de lo que tú jamás podrás imaginar. Es mi nombre. Y es mi libertad.

La frustración de Simón estalló. Su plan, tan perfecto en su mente, se estaba desmoronando frente a la incomprensible obstinación de ella.

Capítulo 40 1

Capítulo 40 2

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