Entrar Via

Perfume Letal de la Esposa romance Capítulo 42

Valentina sentía que el control sobre Simón se le escapaba como arena entre los dedos.

Su humillación en la gala, la columna del "Lobo", y ahora la extraña obsesión de Simón con el "potencial de negocio" de Abril. Todo iba mal. Necesitaba recuperar la narrativa, volver a pintar a Abril como el problema, no como la competencia.

Y para ello, recurrió a su arma más afilada: la insidia.

Eligió su momento con cuidado. Una tarde de fin de semana, mientras Simón estaba en una llamada en su estudio, ella "paseaba" por el jardín. La puerta del invernadero estaba, como siempre, cerrada. Pero había olvidado el pequeño cerrojo superior.

Con una mirada rápida a su alrededor, lo deslizó. La puerta se entreabrió con un leve chirrido.

Entró.

El lugar la golpeó con su autenticidad. El olor a tierra y hierbas, el orden metódico de los frascos, el grimorio de cuero antiguo abierto sobre la mesa de trabajo.

Vio los símbolos y la caligrafía antigua. Vio el alambique de cobre y los morteros de piedra. No entendía nada, y eso lo hacía perfecto para sus propósitos.

Salió tan silenciosamente como había entrado, asegurándose de dejar la puerta como estaba.

Más tarde, cuando estaban sentados en la terraza, fingió una expresión de preocupación.

—Simón, cariño... no quiero molestarte, pero hoy pasé por el invernadero... La puerta estaba abierta.

Él levantó la vista de su tableta, interesado.

—Entré solo un segundo para buscar a Abril... y vi lo que tiene ahí dentro.

Ella bajó la voz, llenándola de una falsa inocencia y un temor calculado.

—Simón, no quiero asustarte, pero lo que Abril hace ahí dentro...

La semilla estaba plantada.

Simón, aunque era un hombre de lógica y estructuras, no pudo descartar la idea por completo.

La conducta de Abril era tan ajena a su comprensión, tan fuera de los límites de su mundo predecible, que cualquier explicación, por extraña que fuera, parecía plausible.

No creía en la brujería, por supuesto. Pero la idea de que Abril estuviera mentalmente inestable, de que su nuevo "poder" no fuera más que el síntoma de un desequilibrio... eso sí encajaba con su necesidad de verla como alguien inferior, alguien a quien él, eventualmente, tendría que "salvar" o controlar.

—No sé qué pensar —admitió finalmente.

Valentina sonrió para sus adentros. La duda era suficiente.

La brecha de entendimiento entre Simón y su esposa se acababa de convertir en un abismo.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Perfume Letal de la Esposa