Entrar Via

Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 133

Capítulo 133

- No parece ser capital de Alexander, señor. Los tiempos no coinciden. Es como si ella hubiera estado acumulando recursos de una fuente externa desde mucho antes de conocerlo.

Navarro tamborileó los dedos sobre la madera. La idea de que Lucía Flores no fuera la huérfana desvalida que Victoria y Elisa describían cambiaba por completo el tablero.

- Averigüe más, Estrada -ordenó Navarro con voz gélida-. No me importa cuánto tiempo le tome o a quién tenga que comprar. Quiero saber quién es realmente Lucía Flores y de dónde sale cada centavo de su cuenta. Si tiene un secreto, lo quiero en mi escritorio antes de la gala de mañana.

- Como usted diga, señor -respondió Estrada, cerrando las carpetas.

Lo que el señor Navarro no sabía -y lo que su arrogancia nunca le permitiría sospechar- era que el contador Estrada no tenía un solo jefe. En el mundo de la alta finanzas y las auditorías cruzadas, la información era una moneda de cambio demasiado valiosa para venderla a un solo postor.

Navarro pagaba bien por sus servicios de inteligencia, pero no era el único.

Estrada se puso de pie, recogió sus cosas y salió de la oficina de Navarro con la misma expresión imperturbable con la que había entrado. Caminó por el pasillo iluminado por luces tenues, sintiendo el peso de los secretos en su maletín.

Mientras descendía en el ascensor, Estrada repasó mentalmente los datos que no le había mencionado a Navarro. Sus hallazgos sobre Fernando Castillo iban mucho más allá de lo que le había revelado a su jefe. Fernando no solo les estaba robando a Roberto y Rodrigo; el tonto había tenido la osadía de meter la mano también en las cuentas personales del propio señor Navarro y, lo que era más peligroso, en los fondos fideicomitidos de Victoria.

Fernando Castillo estaba jugando un juego suicida, robando a todos los que lo rodeaban mientras preparaba su huida. Estrada lo había detectado hace semanas, observando cómo las cuentas de Victoria Navarro sufrían pequeños desajustes que coincidían con las fechas de los viajes de Fernando.

Sin embargo, Estrada no tenía intención de advertir a Navarro sobre el robo a su propia familia. Esa información se la guardaba para su otro jefe, el hombre que le pagaba bonos sustanciales para mantenerlo informado sobre cada debilidad de sus supuestos aliados.

En cuanto llegó a su coche en el estacionamiento subterráneo, Estrada sacó un segundo teléfono.

Marcó un número guardado bajo un nombre genérico.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.