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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 336

Capítulo 336

CAPÍTULO 251

Thiago De la Vega estaba terminando de redactar un correo electrónico. Ya era tarde, pasadas las ocho y media, pero la costumbre de cerrar la semana con la bandeja de entrada a cero era un hábito difícil de romper.

Estaba a punto de apagar su ordenador cuando la puerta de conexión con la oficina se abrió.

Karla entró despacio.

Thiago levantó la vista, sorprendido. Pensaba que ella ya se había marchado hacía horas.

- Aún estás aquí -dijo él, apoyando los codos en el escritorio- Es tarde, Karla. Pensé que el equipo ya te había dado tregua por el fin de semana.

Karla caminó hasta el escritorio de Thiago, pero no se sentó en la silla de visitas. Se quedó de pie, apoyando una mano sobre la fría superficie de mármol negro.

- El trabajo ya se acabó. -La voz de Karla era baja, desprovista del tono metálico que usaba en las juntas- Pero yo no me quería ir todavía. Quería hablar contigo.

Thiago entendió al instante que esta no era una conversación sobre el trabajo. Instintivamente, cerró la pantalla de su portátil.

- Dime. Te escucho.

Karla lo miró a los ojos durante un largo momento.

- Quiero saber qué cambió, Thiago -preguntó ella, y la vulnerabilidad en su voz fue como un golpe en el estómago para él- Necesito entender.

Trabajábamos a la perfección en Asia. Éramos un equipo envidiable. Y de repente, desde que regresamos a esta ciudad... estamos tan frios. Hay una distancia entre nosotros que puedo tocar con las manos. ¿Qué sucedió para que llegáramos a esto?

Thiago tragó saliva. Sabía que esta conversación era inevitable. Había intentado evitarla con respuestas cortas y evasivas, pero Karla no era una mujer que se conformara con el silencio.

- No ha cambiado nada fundamental, Karlaempezó Thiago, eligiendo sus palabras con el cuidado de quien camina sobre un campo minado - Tú y yo seguimos siendo el mismo equipo.

Confío en ti profesionalmente más que en cualquier otra persona en esta torre.

- No te estoy hablando de la empresa, Thiago-lo cortó ella, dando un paso más cerca, la frustración tiñendo sus palabras- Te estoy hablando de nosotros. De ti y de mí. De la frialdad con la que me tratas dentro y fuera de esta oficina.

- Karla... nosotros nunca tuvimos nada romántico -dijo Thiago con firmeza, aunque intentando no sonar cruel-. En Asia compartimos cenas, estrés y éxitos, sí. Pero siempre fue una buena amistad.

Una amistad basada en el respeto mutuo. Y yo quiero conservar esa amistad, porque te quiero mucho. Te aprecio como compañera y como persona. Pero nunca prometí nada más.

La palabra amistad cayó como un jarrón de cristal rompiéndose en el suelo de la oficina.

Por primera vez desde que la conocía, Thiago vio a Karla perder la compostura. Sus ojos oscuros brillaron con una mezcla de dolor e indignación contenida.

¿Nunca tuvimos nada romántico? -repitió Karla, y una risa amarga escapó de sus labios-

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