Capítulo 339
CAPÍTULO 254
Al entrar en la zona de recepción al aire libre, el ambiente era bullicioso. Había empresarios, políticos locales y filántropos conversando.
Benicio y Mateo, como representantes visibles de VegaCorp, fueron inmediatamente interceptados por varios conocidos.
Se alejaron un momento, saludando a los que ya estaban presentes en el hipódromo, estrechando manos y sonriendo para las cámaras de los fotógrafos de eventos sociales.
Samanta se quedó un poco apartada, cerca de una mesa alta sosteniendo una copa de agua con gas que un mesero le había ofrecido. A pesar del hermoso vestido y de saber que Mateo la respaldaba, la inseguridad seguía latiendo bajo su piel.
Fue entonces cuando lo sintió. Una mirada pesada, insistente y pegajosa que le recorrió la espalda.
Se giró lentamente, intentando no parecer asustada.
Un hombre de unos cuarenta años con una copa de whisky en la mano, se estaba acercando a ella.
Samanta no lo reconocía.
Pero él sí la conocía. Perfectamente.
- Vaya, vaya... -dijo el hombre, deteniéndose a menos de medio metro de ella, invadiendo su espacio personal. Su aliento olía a alcohol y a una confianza arrogante- Miren quién decidió salir de las sombras del callejón para jugar a la alta sociedad.
Samanta se tensó. El tono, la cercanía, la alusión a las sombras. El pánico frío le subió por la garganta.
- Disculpe -dijo ella, manteniendo la compostura - Creo que me confunde con alguien más.
El hombre soltó una risa nasal, corta y desagradable.
- No te hagas la tonta conmigo, preciosa. Te he visto bailar en el Club Velvet al menos diez veces en el último año. Eres Samanta. La estrella intocable. -El hombre dio un paso más cerca, bajando la voz- Soy el abogado principal del señor Zambrano. Siempre intenté acercarme a ti, pero esos gorilas de seguridad y tu supuesto representante nunca me dejaron pasar.
El corazón de Samanta empezó a latir desbocado.
- No sabía que se te podía contratar fuera del club para eventos corporativos -continuó el abogado, su mirada barriendo el cuerpo de Samanta con un descaro repulsivo- ¿Cuánto te están pagando por pasearte por aquí esta noche?
Si es una cuestión de precio, estoy dispuesto a mejorar la oferta cuando termines con ese hombre.
La furia caliente reemplazó al miedo en el pecho de Samanta. Había soportado insultos durante años por necesidad, pero ya no estaba bajo el yugo de Héctor. Mateo le había devuelto la dignidad, y no pensaba permitir que ningún hombre de traje se la volviera a quitar.
- Ya no trabajo en el club -fue la respuesta tajante de Samanta, clavando sus ojos en los del hombre con un fuego que lo desconcertó- Y mi tiempo no está a la venta. Por favor, no me moleste y retírese.
- Oye, niña, no te pases de lista. Sé de dónde vienes. No vengas a hacerte la digna conmigo. -EI hombre, impulsado por el alcohol y el ego, levantó una mano e intentó tomarla del brazo para forzaria a escucharlo- A mí no me hablas así...

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.