Capítulo 134
CAPÍTULO 78
Sentado en el asiento trasero, Roberto observaba el paisaje urbano con una mezcla de hastío y calculada frialdad. A su lado, su hijo Rodrigo jugueteaba con su teléfono, ajeno a la tormenta que su padre estaba terminando de gestar.
Roberto rompió el silencio sin apartar la vista de la ventana.
- Hay que tener vigilado a Fernando Castillo, Rodrigo -dijo, con una voz que no admitía réplicas -. Hoy Estrada me confirmó algo que sospechaba, pero que supera incluso mis especulaciones:
Fernando está robando a su propia esposa. A Victoria.
Rodrigo soltó una carcajada seca y dejó el teléfono a un lado, mirando a su padre con incredulidad.
- ¿Robar a su esposa? Padre, por favor, eso no es considerado un robo legalmente en muchos casos, es... un manejo cuestionable de bienes gananciales, a lo mucho. Además,es Fernando. Probablemente no sepa ni dónde guarda Victoria sus joyas más valiosas.
Roberto giró la cabeza lentamente, clavando sus ojos grises en su hijo.
- No seas ingenuo, Rodrigo. No hablo de sacarle billetes del bolso. Hablo de una operación sistemática. Está desviando fondos de los fideicomisos de los Navarro y de las cuentas personales de Victoria hacia paraísos fiscales. Y lo está haciendo mientras nos sonríe en las cenas dominicales. Si es capaz de morder la mano que le da de comer de esa forma, imagina de qué es capaz con nosotros.
Rodrigo se encogió de hombros, restándole importancia.
- Bueno, si le roba a los Navarro, es problema de los Navarro.A nosotros qué nos importa. Lo que me interesa es la auditoría. ¿Encontraron algo malo en la gestión de Alexander? ¿Algo que podamos usar para que el abuelo le quite el mando?
Roberto suspiró con pesadez, sintiendo una punzada de frustración.
- Por supuesto que no. Eso ya lo sabíamos, Rodrigo. Alexander es impecable, casi patológicamente correcto cuando se trata de los libros de la empresa. La auditoría de los Navarro no va a arrojar ni un centavo fuera de lugar en VegaCorp. Alexander no es tan estúpido como para arriesgar su legado por un fraude contable.
- Entonces, ¿para qué perdimos todo el día con Estrada y el viejo Navarro? -preguntó Rodrigo, molesto-. Si Alexander está limpio, todo esto fue un circo.
- Fue un circo necesario para medir fuerzas - replicó Roberto-. Pero lo que Estrada descubrió me hace pensar que el enemigo no está solo en la presidencia. Si Fernando es capaz de robar a su familia... -Roberto hizo una pausa deliberada, mirando a su hijo-, me pregunto si no deberíamos vigilar también los movimientos de tu esposa.
Rodrigo se tensó de inmediato. El color subió a sus mejillas y su postura se volvió defensiva.
¿De mi esposa? ¡Padre, ¿qué te está pasando?! - exclamó-. ¿Ahora vas a empezar a sospechar de Elisa? Ella no tiene nada que ver con los negocios de la empresa. ¿Acaso controlas así a mi madre?
Roberto soltó un sonido que pretendía ser una risa, pero que sonó más como un gruñido.
- Deberíamos de vigilarlos a todos, Rodrigo. En esta familia, la lealtad es una mercancía que se devalúa cada hora. Si Fernando es capaz de traicionar la cama donde duerme, nadie está a salvo.
- Fernando está robando a su familia política, padre; no tiene nada que ver con nosotros -cortó Rodrigo, intentando cerrar el tema--. No mezcles las cosas. Elisa es una De la Vega por elección y madre de mis hijos. No voy a permitir que pongas espías sobre ella.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.