Capítulo 338
CAPÍTULO 253
El aparcamiento del Hipódromo Nacional era un desfile de ostentación sobre ruedas.
Cuando el deportivo de Benicio se detuvo suavemente en su plaza reservada, el grupo que ya estaba esperando cerca de la entrada principal no pudo evitar sonreír al ver la escena. Mateo estaba de pie junto a Samanta, quien lucía espectacular en un vestido de cóctel azul noche que le había regalado Lucía. Unos pasos más allá, Thiago de la Vega revisaba su reloj con la habitual impaciencia.
Sofía y Esteban bajaron del coche, seguidos por Benicio, quien entregó las llaves a un aparcacoches con un suspiro exagerado.
Mateo y Thiago, compartiendo una de esas miradas de complicidad fraternal que rara vez admitían en público, no perdieron la oportunidad de molestar a su primo menor.
- Vaya, vaya... -comenzó Mateo, cruzándose de brazos y fingiendo sorpresa- Mira nada más al nuevo empleado estrella de la familia. Te queda bien el rol de chofer, Benicio. Si la campaña publicitaria de los camiones fracasa, siempre puedes pedir trabajo en una aplicación.
Thiago asintió con gravedad, ajustándose los gemelos.
- Le daríamos una excelente recomendación. Es muy puntual. Y su manejo del volante es pasable, siempre y cuando no hable demasiado durante el viaje.
Benicio rodó los ojos y se sacudió el polvo imaginario del saco de su traje, ignorando a sus primo y hermano caminando directamente hacia donde estaba Samanta.
- Mejor me voy con mi nueva cuñada -declaró Benicio, ofreciéndole el brazo a la bailarina con una galantería exagerada que la hizo sonreír-. Es la única decente en este estacionamiento hoy. Los demás están insoportables. Samanta, te ofrezco mis servicios como guardaespaldas contra estos de atrás mío.
Mateo reaccionó al instante. Dio un paso adelante y tomó la mano de Samanta con suavidad, apartándola sutilmente del brazo de su primo.
- ¡Ey, ey! -protestó Mateo, con una mezcla de celos juguetones y territorialidad real- Es mi compañera, Benicio. Búscate la tuya. ¿Por qué no trajiste una? Con tu agenda llena de contactos, deberías haber llenado un autobús.
Benicio se encogió de hombros, perdiendo un poco del brillo en sus ojos al recordar su cita fallida de la última vez, aunque se recuperó rápidamente con una sonrisa cínica.
- Las mujeres que conozco se aburrirían a los diez minutos escuchando a Thiago hablar de tasas de importación -bromeó- Prefiero venir solo y disfrutar de la comida gratis de la tía Lucía.


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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.