Capítulo 340
CAPÍTULO 255
El aplauso que siguió al salto final de la primera ronda de Sofía de la Vega aún resonaba en el aire cálido de la tarde. La exhibición estaba siendo un éxito rotundo, un despliegue de fuerza y gracia que había dejado a los donantes y familiares fascinados.
Karla caminaba por el césped impecablemente cortado con paso firme, sintiendo que los tacones de sus zapatos amenazaban con hundirse en la tierra.
A su lado, un silencioso y tenso Thiago ofrecía su brazo, cumpliendo con la obligación protocolar que se había impuesto. Karla sabía exactamente lo que habían hablado la noche anterior en su despacho. Recordaba el rechazo categórico de él a cruzar la línea profesional, el "somos solo un equipo" que había intentado usar como barrera.
Pero no le importó.
La frialdad de Thiago era un obstáculo menor comparado con la amenaza real que ella había identificado. Sabía que Sofía era el problema.
Había visto la chispa de irracionalidad territorial en los ojos de Thiago cada vez que la "niña de los caballos" respiraba cerca del empleaducho Esteban.
El objetivo de Karla era claro: si lograba alejar a Sofía del foco de atención emocional de Thiago, si conseguía aislarla o distraerla de manera definitiva, podría conquistar a Thiago por completo. Él volvería a ser de ella.
Haría lo que sea necesario para conseguirlo.
Se aferró al brazo de Thiago con una posesividad sutil pero firme. Quería que todos, especialmente Sofía, los vieran llegar juntos a la carpa de recepción de la fiesta. Quería proyectar la imagen de una alianza indestructible.
Elisa y Rodrigo recibieron a la pareja con mucho entusiasmo.
-¡Qué maravilla verlos juntos! -exclamó Elisa, acercándose para darle dos besos al aire a Karla, una muestra de afecto inusual en ella- Karla, querida, estás preciosa. Ese traje de seda marfil es una elección impecable para el campo.
Elisa la miró de arriba abajo con aprobación, y luego, con una sonrisa maliciosa y el volumen lo suficientemente alto para que los invitados cercanos la escucharan, soltó el dardo:
- Nada que envidiarle a la pareja de Mateo. Esa chica... Samanta, ¿verdad? Es atractiva, supongo, si te gustan los estilos exóticos de la vida nocturna. Pero tú, Karia, tú traes la verdadera clase a esta familia.
Thiago, que odiaba que su madre usara a sus acompañantes para lanzar ataques pasivoagresivos contra el resto de la familia, se tensó. Su mandibula se endureció al escuchar el desprecio hacia la elección de su primo.
- Madre, por favor -interrumpió Thiago, su voz fría y cortante como el hielo- No compares. No tiene nada que ver una cosa con la otra. Mateo eligió a su compañera y merece respeto. No estamos aquí para hacer un concurso de belleza.
Elisa rodó los ojos, desestimando la reprimenda de su hijo con un gesto elegante de la mano.
- Oh, Thiago, no seas tan aburrido hoy. Solo estoy halagando a Karla. Es un cumplido, es una chica preciosa.
Es una elección de vida... pintoresca.
- La finca es parte del futuro de la empresa, Karla -aclaró Thiago, su tono profesional pero firmeSofía administra una línea de negocio que es un activo crucial para el patrimonio. No es solo un pasatiempo en la tierra.
Karla parpadeó, sintiendo el rechazo sutil. Él la estaba defendiendo de nuevo. A ella. A Sofía.
Antes de que Karla pudiera formular una respuesta que no la hiciera sonar resentida, un murmullo de expectación se levantó en la entrada de la carpа.
Sofía acababa de llegar al salón princiapal.
Pero lo que hizo que la sangre de Thiago se helara, y que la sonrisa de Karla se ensanchara, fue el hombre que caminaba a su lado.
Esteban caminaba junto a Sofía. La miraba con una adoración que no intentaba ocultar, y Sofía, para sorpresa de todos, le devolvía la sonrisa con una naturalidad y una alegría que Thiago nunca había visto dirigida a él en años.
Karla observó la reacción de Thiago.
- Vaya -susurró Karla, lo suficientemente alto para que Thiago la escuchara- Parece que nuestra estrella ha encontrado a su propio admirador.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.