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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 140

Capítulo 140

CAPÍTULO 82

El domingo llegó. Alexander se levantó, estirando los brazos y sacudiéndose la manta. No iba a permitir que el domingo fuera una repetición del sábado. Había cometido un error, sí. Un error grave motivado por su adicción al trabajo y su ego. Pero Alexander De la Vega no era un hombre que se revolcara en la derrota; era un hombre que solucionaba problemas.

Se duchó con agua helada para despejar la mente y se vistió con ropa casual: jeans oscuros, una camiseta blanca y una chaqueta de cuero. Nada de trajes. Quería proyectar accesibilidad.

Bajó al comedor de diario. Lucía ya estaba allí, sentada frente a una taza de té, leyendo desde su tablet. Llevaba el cabello suelto y un suéter de punto color crema que la hacía ver suave, aunque su expresión al levantar la vista fue todo lo contrario.

- Buenos días -dijo Alexander, sirviéndose café y sentándose frente a ella, no en la cabecera, sino cerca, buscando cercanía.

- Buenos días -respondió ella sin apartar los ojos de la pantalla-. Hay café recién hecho.

El tono era neutro, profesional.

Alexander bebió un sorbo de café, reuniendo valor.

- Lucía, estuve pensando toda la noche. -Dejó la taza-. Quiero arreglar lo de ayer. Sé que fallé. Y quiero compensarlo hoy mismo.

Ella finalmente dejó la tablet y lo miró, arqueando una ceja.

- ¿Ah, sí? ¿Y qué sugiere el señor estratega?

- Vamos a buscar a los niños -propuso él con entusiasmo-. Vamos al orfanato ahora mismo, recogemos a Mateo y a Sofía, y pasamos el día entero con ellos. Donde ellos quieran. Parque, cine, zoológico. Lo que sea. Quiero que vean que... que no soy un ogro.

Lucía lo miró unos segundos en silencio, y luego soltó un suspiro que sonó a paciencia agotada.

- Alexander... no funciona así.

- ¿Por qué no? Tenemos coche, tenemos dinero, tenemos tiempo.

- Porque no son tus hijos, ni son mis hijos legalmente todavía -explicó ella con lentitud, como si hablara con alguien que no entiende el idioma-. Mateo y Sofía viven bajo las normas del Estado y del Hogar Santa María. No es una guardería donde pasas y te los llevas cuando te da la gana o cuando te sientes culpable.

Alexander frunció el ceño.

- Pero la otra noche te los trajiste.

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