Capítulo 139
- Lucia quiero explicarte -empezó él, dando un paso hacia ella-. Es que... Un empresario muy importante, Hiroshi Tanaka, quiso que nos reuniéramos en el club de golf hoy. Llevamos meses persiguiendo esa alianza tecnológica. Cuando me llamó, me dijo que era su única tarde libre antes de volver a Tokio. Dije que sí sin pensarlo. Me dejé llevar por la oportunidad y... me olvidé de la cita.
Lucía lo escuchó, impasible.
- ¿Tanaka? -preguntó-. ¿La empresa de robótica logística?
- Sí. Es una buena asociación. Le vendría bien a VegaCorp. Modernizaría toda la flota. Pensé en la empresa, Lucía. Pensé en tu presidencia, irónicamente. Quería cerrar el trato para entregártelo en bandeja el lunes.
- Qué bueno -dijo ella, con un tono neutral que Alexander no supo descifrar-. Al menos los negocios fluyen. Al menos tu sacrificio valió la pena y cerraste el contrato.
Alexander se quedó callado. Desvió la mirada hacia la escalera.
Esa era la parte más difícil. La parte donde su ego terminaba de hacerse pedazos.
- No -respondió Alexander, en voz baja.
Lucía frunció el ceño.
-¿No? ¿No firmaron? ¿Te rechazó?
Lucía no dijo nada más, esperaba que él siguiera con el cuento. Sabía que había algo más. Alexander no solía fallar en los negocios.
Alexander volvió a mirarla. Vio a la mujer con el vestido arrugado y la dignidad intacta, y se dio cuenta de que ella era, en efecto, mucho más poderosa que él en ese momento.
- Te querían a ti -confesó él.
Lucía parpadeó, confundida.
- ¿Cómo?
- Me dijeron que no querían cerrar el trato conmigo -soltó Alexander, con la amargura de quien admite una derrota-. Querían escucharte a ti. Tanaka dijo que tú eres el alma de la nueva empresa. Que mi gestión es eficiente, pero la tuya es el futuro.
- ¿Me... querían a mí? -Lucía parecía genuinamente sorprendida-. Pero si yo no sé nada de tecnología.
- No querían cerrar el negocio conmigo, sino contigo. Me convertí en tu secretario, Lucía. Fui al campo de golf solo para que me dijeran que agendara una cita con mi esposa.
Hubo un silencio largo. Lucía procesó la información. No hubo triunfo en su mirada, ni arrogancia. Solo una aceptación pragmática.
- Vaya -respondió Lucía-. Eso... debió ser difícil para ti.

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