Capítulo 253
CAPÍTULO 169
Sofía De la Vega caminaba por el porche delantero con pasos rápidos y nerviosos. Su teléfono vibró en el bolsillo de la chaqueta de hilo que llevaba sobre su vestido verde. Era un mensaje confirmando que el coche de alquiler contratado había cruzado el portón de seguridad de la finca y se acercaba por el sendero principal.
Sofía había contratado una presentación de baile de Samanta.
Mientras todos estaban cenando y escuchando un discurso anecdótico de Augusto sobre los inicios de VegaCorp, Sofía se escabulló silenciosamente de la carpa iluminada y salió a recibirla al camino de grava.
El sedán negro se detuvo con suavidad. La puerta trasera se abrió y Samanta bajó del vehículo.
Llevaba un abrigo largo y oscuro que ocultaba su figura, y sostenía con fuerza un bolso de lona deportiva con su vestuario y maquillaje. Miró a su alrededor con confusión; no tenía ni idea de que vendría a la casa privada de los De la Vega.
Héctor había manejado la contratación en persona con Sofía sin contarle una palabra a Samanta.
Héctor solo le había dicho que la habían contratado para un show privado, muy bien pagado, en la celebración anual de una empresa importante a las afueras de la ciudad.
- Buenas noches -saludó Sofía, deteniéndose a un par de metros bajo la luz cálida de los faroles del porche, con una sonrisa que pretendía ser tranquilizadora.
Samanta se quedó petrificada. La sangre pareció congelarse en sus venas. Reconoció a la chica de inmediato. Era la hermana de Mateo.
- Tú... -susurró Samanta, aferrando las asas de su bolso de lona hasta que los nudillos se le pusieron blancos por la presión. Miró a su alrededor frenéticamente, hacia las sombras de los árboles y la silueta de la mansión, como si esperara que Mateo saliera de los arbustos en cualquier momento para acorralarla-. ¿Qué es este lugar?
Sofía notó el asombro desmedido y el terror palpable en los ojos oscuros de la bailarina, y la sonrisa de anfitriona se le borró del rostro.
- ¿Está todo bien, Samanta? -preguntó Sofía, acercándose con cautela, frunciendo el ceño por la reacción- Te ves pálida. ¿El viaje fue muy pesado?
El camino de tierra marea a veces.
Samanta tragó saliva, intentando controlar la respiración agitada que amenazaba con convertirse en un ataque de pánico. Quería darse la vuelta, subirse al coche de alquiler y exigirle al chofer que la llevara de regreso.
- A mí... A mí me dijeron que esto era un evento corporativo -logró articular Samanta, retrocediendo medio paso hacia la grava- Una cena de empresa importante.
- Y lo es, en cierta forma -aclaró Sofía, tratando de entender el pánico irracional de la chica, intentando calmarla- Estamos celebrando el retiro de mi padre, Alexander, como presidente de la compañía, y el inicio de la nueva gestión corporativa. Están todos los empleados allá abajo, en la carpa. -Sofía señaló hacia la explanada iluminada a lo lejos, de donde provenía la música suave y las risas- Quería darles una sorpresa artística. Un regalo especial para cerrar la noche.
- No puedo hacerlo -murmuró Samanta, la voz temblándole por primera vez frente a Sofía, perdiendo la fachada de mujer dura del club nocturno- No puedo bailar aquí. Tengo que irme.
Llama al coche.
Sofía, dándose cuenta de que la sorpresa, y quizás la única oportunidad de ayudar a su hermano, estaba a punto de desmoronarse antes de empezar, acortó la distancia rápidamente y le tomó el brazo con suavidad pero con firmeza.
- No, Sofía. No quiero.
- Pero, ¿por qué? Vuelvo a insistir. ¿Qué sucede con él? Mateo es un buen hombre. ¿Qué te hizo para que le huyas así?
- No sucede nada con él -respondió Samanta, cortante, aferrando el bolso contra su pecho como un escudo- Y no quiero que suceda nada.
Pertenecemos a mundos diferentes, Sofía.
Sofía la observó, frustrada por la testarudez de la bailarina, pero también reconociendo una nobleza torcida en su afán por proteger a Mateo de su propio mundo.
Samanta dio un suspiro profundo.
- Está bien -accedió finalmente, apretando el asa de su bolso, rindiéndose ante la fuerza de los De la Vega- Bailaré. Una sola pieza. Y luego me iré. Sin hablar con él. Esa es mi condición.
Sofía sonrió, aliviada de no haber perdido la batalla, y le hizo un gesto hacia la gran puerta de madera de la casa principal, que estaba sumida en la tranquilidad mientras la fiesta rugía en el jardín traserо.
- Hecho. Y gracias, Samanta. De verdad. Ven, te acompaño a mi cuarto para que te cambies y te prepares con calma. Es en la planta alta. Nadie entrará allí, tendrás privacidad total. Y te prometo que, pase lo que pase después del show, yo misma te llevaré de vuelta a la ciudad esta noche si eso es lo que decides.
Samanta asintió en silencio y siguió a Sofía hacia el interior cálido de la casa.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.