Entrar Via

Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 453

CAPÍTULO 42

Augusto había conducido desde el hotel con una determinación ciega, con la carta de compraventa todavía grabada en su memoria: Matilde Valente. Bajó de su coche y cruzó el patio principal con zancadas largas. Entró en el edificio de administración y se dirigió directamente al mostrador de mármol de la recepción.

— Deseo ver a la señorita Matilde Valente. Es un asunto de extrema urgencia —dijo Augusto, su voz resonando con una autoridad que no admitía réplicas.

La secretaria, una mujer bastante mayor alzó la vista y lo evaluó con parsimonia.

— Buenos días, caballero. La señorita Valente se encuentra en sus clases. Ya han iniciado hace una hora y no se permite interrumpir a los alumnos a menos que sea una emergencia familiar debidamente acreditada. Si gusta, puede dejar un recado.

— No voy a dejar un recado —respondió Augusto, inclinándose ligeramente sobre el mostrador, sus ojos oscuros fijos en los de la mujer— Dígale que Augusto de la Vega está aquí. Ella sabrá de qué se trata. La esperaré el tiempo que sea necesario, pero hágale saber que no me iré de este edificio sin hablar con ella.

La secretaria vaciló, intimidada por la intensidad del hombre, y finalmente asintió.

— Veré qué puedo hacer. Tome asiento, por favor.

Augusto se retiró a uno de los bancos de madera tallada del vestíbulo. Cada minuto que pasaba se sentía como una hora. Consultaba su reloj de pulsera constantemente, el tic-tac marcando el ritmo de su ansiedad.

Pasaron casi cuarenta minutos. El ir y venir de jóvenes con carpetas parecía una burla a su propia desesperación. Finalmente, la puerta de los pasillos interiores se abrió y la secretaria regresó, pero no venía sola. Junto a ella caminaba una joven, con el cabello castaño y una mirada que mezclaba la curiosidad con una profunda suspicacia.

Augusto se puso en pie de inmediato, pero su rostro decayó al ver que no era Matilde.

— ¿Señor de la Vega? —preguntó la joven, acercándose a él mientras la secretaria volvía a su puesto— Al fin lo conozco en persona.

Augusto la recorrió con la mirada, confundido.

— Parece que usted ya me conoce, señorita, pero yo no tengo el gusto de conocerla a usted. ¿Dónde está Matilde?

— Mi nombre es Teresa —respondió ella, ignorando la frialdad de él— Soy la mejor amiga y compañera de Matilde aquí en la facultad. Ella me ha hablado mucho de usted... aunque sospecho que no todo lo que me ha contado es lo que usted esperaría oír.

Augusto se tensó al escuchar su nombre de pila real. Ella sabía quién era él.

— Si es su amiga, sabrá que necesito hablar con ella. Es vital.

Teresa suspiró y se cruzó de brazos, su expresión volviéndose sombría.

— Debo admitir que no esperaba encontrarme con usted aquí hoy, señor de la Vega. Y lo cierto es que me temo que ha llegado tarde. Matilde recibió una visita hoy muy temprano, antes de que empezara la primera clase.

— ¿Una visita? —Augusto sintió que el frío le recorría la columna vertebral— ¿Sus padres? ¿Rodolfo Valente estuvo aquí?

— No lo creo —respondió Teresa, negando con la cabeza— Matilde salió del taller muy alterada después de que el bedel le avisara. Pensé que entraría a la clase de Historia después, pero no ha vuelto. Sus cosas siguen en el taller. No tengo idea de quién la visitó, pero no era algo planeado.

Augusto sintió que el pánico, ese viejo enemigo que creía haber desterrado con su fortuna, regresaba con una fuerza renovadora.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.