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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 324

Capítulo 324

CAPÍTULO 239

Cuando llegaron al fondo del pasillo, el murmullo de la música del Velvet quedó sepultado por el eco de unos gritos destemplados que se filtraban claramente a través de la madera de la puerta del camarín. Sofía se tensó al instante. Reconoció la voz rota por los nervios, y sin pensarlo dos veces, se apresuró a empujar el picaporte, abriendo la puerta de golpe. Thiago la siguió de cerca, manteniendo una mano dentro del saco, alerta a cualquier peligro.

Entraron justo en el momento exacto en que la situación alcanzaba su punto de quiebre: estaban despidiendo a Samanta del club Velvet.

Frente a la joven bailarina, un hombre robusto, de traje chillón y anillos ostentosos gesticulaba con rabia, arrojándole un fajo de billetes arrugados sobre el tocador.

-¡Sofia! ¿Qué haces aquí? -exclamó Samanta, rompiendo la tensión del camerino con su entrada triunfal.

El hombre desconocido se giró, sorprendido por la intrusión de los recién llegados.

- Junta tus malditas cosas y vete. Estás fuera del Velvet-escupió el representante mientras pasaba por el lado de Thiago, perdiéndose en la penumbra del pasillo.

Sofía soltó un suspiro de alivio y se giró hacia la bailarina, cuyos hombros habían caído finalmente por el peso de la humillación.

- Llegamos en el momento justo -dijo Sofía, acercándose a ella con determinación- Vámonos de aquí, Samanta. Este lugar ya no tiene nada para ti.

Antes de comenzar a empacar, Sofía se giró hacia su primo, quien observaba la escena desde el umbral con los brazos cruzados y una ceja alzada, analizando el drama con su habitual distancia ejecutiva.

- Thiago, déjanos solas un momento, por favorle pidió Sofía en tono firme pero bajo.

- Me quedaré aquí fuera de la puerta -respondió Thiago con sequedad, dando un paso atrás-No me voy a mover. Dense prisa, no me gusta este ambiente.

En cuanto la puerta se cerró tras él, Sofía, efusiva y torrencial como siempre, acortó la distancia que la separaba de la chica y le dio un gran y apretado abrazo. Samanta se quedó rígida por un segundo, completamente descolocada por la calidez inesperada de aquella mujer a la que apenas reconocía bajo tanto maquillaje y ropa de gala.

- Bienvenida a la familia -le susurró Sofía al oído antes de soltarla.

Samanta parpadeó, limpiándose una lágrima rebelde que amenazaba con arruinar su delineador. Miró a Sofía de arriba abajo, confundida.

-¿Sofía? Dios mío, casi no te reconozco... ¿De qué estás hablando? No entiendo nada -articuló con la voz temblorosa-¿ Qué haces aquí?

- Mi hermano me contó todo -respondió Sofía, tomando a Samanta de las manos para transmitirle seguridad- Mateo está desesperado ¿Por qué huiste así? Vamos, no hay tiempo para lamentaciones ahora. Juntemos lo verdaderamente importante para ti y vámonos de este antro.

Samanta bajó la mirada, avergonzada, mientras comenzaba a meter sus pertenencias en una mochila de lona vieja.

- Tuve miedo, Sofía. Todo se volvió demasiado grande, demasiado rápido...

- Escúchame bien -la interrumpió Sofía con ese tono protector que heredó de su madre Lucía- Si no quieres ir al departamento de mi hermano porque necesitas espacio, ven conmigo a la finca.

Allá nadie te va a molestar. Aunque te lo digo de verdad: mi hermano está verdaderamente triste sin ti. Se le nota en los ojos, en la forma en que camina... está roto.

Samanta se detuvo en seco, sosteniendo un par de zapatos de baile contra su pecho.

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